Martes , Julio 25 2017
Los durmientes en la caverna de Corán 18,25

Desvelando los 300 años más 9 de los durmientes del Corán

Esta interpretación libre de esta metahistoria del Corán no es el efecto de haber interpretado directamente el texto coránico de referencia sin más, sino de un esfuerzo previo de mi imaginación mediante el cual transformé esa metahistoria en un arquetipo acorde a mis condicionantes mentales sobre el que luego discerní y creé, a la vez, mi propia metahistoria.

El descenso desde la preexistencia o ájira a la existencia, mundo de los sentidos o dunia, viene alegorizado en el Corán en la sura “La caverna” (sura 18) en las aleyas en las cuales se relata la metahistoria de los durmientes de la caverna. Esta nos habla así del pacto preexistente establecido por Allah con Adam mediante el que este desciende al dunia una vez dotado de la capacidad de nombrar todas las cosas, alegoría que en la Revelación coránica alude al estado mental que implica el estar capacitado para percibir la dispersión de todas las cosas que preside la realidad de la existencia o dunia, toda ella contraria al estado de tawhid que preside la preexistencia o ájira…

Los durmientes constituyen las capacidades de Adam para nombrar todas las cosas; la imaginación, la inteligencia y los sentidos naturales. Al-Rakim conforma la intención primigenia, que en la metahistoria de los durmientes aparece nombrada como un ente separado de los durmientes al ser esta una capacidad que continúa morando en la preexistencia dependiendo exclusivamente de la voluntad de Allah, a diferencia de los durmientes que moran en la existencia. De ahí la razón de que la Revelación coránica nombre por un lado a los durmientes y por otro a Al-Rakim. El conjunto de todo ello constituye el ahsan taqwim del que se habla en Corán 95:4.

El tránsito desde la preexistencia a la existencia, del ájira al dunia, se realiza a través del útero materno, que es el puente que conecta ambos mundos. La frase contenida en la Revelación coránica que habla de que los durmientes permanecieron trescientos años más nueve en la caverna junto con Al-Rakim sería así una alegoría biológica del tiempo que abarcaría el período de fecundación más el de embarazo; nueve años por nueve días, y trescientos años por trescientos días, es decir, el período que transcurre desde que se forma el cigoto hasta que se implanta en el útero más el período de embarazo propiamente dicho. http://www.alkalima.es/trilogia-sobre-la-sura-18-del-coran-la-caverna-de-los-durmientes-1a-parte/

El período máximo de embarazo es legalmente de 300 días, y el de fecundación de nueve. En la Antigua Roma ya se tenían conocimientos de obstetricia en los que se hablaba de un período de gestación corta de 180 días y otro largo de 300 días, lo que implicaba establecer límites médicos para delimitar el tiempo mínimo y máximo durante el cual era posible que una mujer diera a luz un bebé vivo. El Corán establece también estos mismos límites, el mínimo de 180 días en una alusión directa deducida de la unión de tres aleyas:

Las madres amamantarán a sus hijos durante dos años completos si desea que la lactancia sea completa (Corán 2,233)

su madre le llevó sufriendo pena tras pena y le destetó a los dos años (Corán 31,14)

El embarazo y la lactancia duran treinta meses (Corán 46,15).

Si la lactancia dura dos años y la suma de esta más el tiempo de embarazo 30 meses, significa que a partir de los 180 días de embarazo ya es posible el nacimiento de un bebé con perspectivas de vida y, por lo tanto, de ser amamantado. Si en una parte del Corán se alude a ese tiempo mínimo de embarazo que ha de preceder al parto, en otra se alude al tiempo máximo que puede preceder al parto, que son los 300 días alegorizados en la metahistoria de “La caverna”: “Permanecieron en su caverna trescientos años, a los que se añaden nueve” (Corán 18,25).

Los egipcios calculaban con bastante exactitud el tiempo del embarazo. Tenían una prueba de embarazo, entre otras que también solían utilizar, que consistía en coger dos sacos en los que en uno metían cebada y en otro trigo, ponían en ambos dátiles y arena, y luego la mujer orinaba en ellos diariamente para comprobar si en los sacos se producía germinación, lo que sería prueba de que habría embarazo:

Tú debes poner en dos sacos de tela granos de trigo y de cebaday paralelamente dátiles y arena en los dos sacos que la mujer ha de orinar diariamente encima. Si ambos crecen tendrá descendencia. (Papiro médico de Berlín 199, verso 2, 2-5, y Papiro Carlsberg, III, I, 6 – X + 3)

Es interesante al respecto el experimento efectuado en 1963 en la Universidad cairota de Ain Shams, donde se demostró que mientras que la orina de mujeres no embarazadas no estimulaba el crecimiento del trigo y de la cebada, la orina de mujeres embarazadas sí que lo estimulaban en un elevado porcentaje de las pruebas realizadas (Ghalioungui, Khalil, Ammar, 1963, 241-246).

En lo que se refiere a la correlación astronómica entre los 300 años solares con 309 años lunares que las exégesis tradicionales islámicas atribuyen al significado de la aleya coránica (Permanecieron en su caverna trescientos años, a los que se añaden nueve, Corán 18,25), es un conocimiento científico del que ya disponían los antiguos egipcios en un tiempo muy anterior a la Revelación coránica. Los sacerdotes establecieron un ciclo de 25 años solares (300 meses solares) durante los cuales ocurrían 309 lunaciones, para así calcular con precisión astronómica las fases de crecidas del Nilo (Papiro Carlsberg 9 o Papiro Rylands 666).

Las cosmovisiones religiosas suelen asimilar los días a los años o los años a los días, dado que el tiempo es siempre metahistórico para ellas, de ahí que por ejemplo el Corán hable de 300 años más nueve en lugar de las 309 lunaciones en las que se habla en este papiro egipcio. En la alegoría coránica permanecemos en el útero los 300 más los 9 años en estado de pérdida de consciencia. Ese tiempo coránico Platón lo plasma en 9000 años; 300 meses, 9000 días…9000 años, todo en una maravillosa alegoría del olvidado amor entre dioses, sin entendimiento, rodando en torno a la tierra y bajo esta…

“La intimidad con el no enamorado, que se mezcla con una moderación mortal, que dispensa mortalidades y mezquindades, y que produce en el alma amiga un servilismo aplaudido por las masas como virtud, le garantizará a ella nueve mil años sin entendimiento, rodando en torno a la tierra y bajo esta” (Diálogos de Platón – Fedro 256 e4 – 257 a2).

El tiempo de los 9000 años de Platón es metahistoria y nos lleva a la misma cifra que la del Corán, 300 años, 300 meses, 9000 días, 9000 años, todo lo mismo en la comprensión metahistórica.

Hay un rito extraordinario, por su extrapolación científica, relacionado con el renacimiento de Osiris como alegoría de la gestación de la vida en el seno materno, la Festividad Khoiak. Consistía en rellenar una efigie ahuecada de Osiris con cebada y arena y luego regarla durante nueve días. Al noveno día se la exponía al sol antes del crepúsculo y al día siguiente comenzaba la germinación, toda una alegoría de los ciclos agrícolas del Nilo, la inundación, la siembra y la cosecha y, a su vez, del embarazo, los trescientos años en la alegoría, y del período previo de fecundación desde que se forma el cigoto hasta que este se implanta en el útero para comenzar el embarazo propiamente dicho, los nueve años en la alegoría coránica.

¿Como podían saber los antiguos egipcios que antes de comienzos del embarazo había un período de fecundación de nueve días?

Las pruebas de embarazo como la mencionada en el Papiro médico de Berlín 199 y el Papiro Carlsberg III fueron el resultado de cientos de años de observación y experimentación. A mujeres que tenían relaciones sexuales se les comenzaba a hacer la prueba de orina con las bolsas de cebada y trigo; si la germinación que era prueba de que había comenzado el embarazo se producía al séptimo, octavo o noveno día, era síntoma de que anteriormente al comienzo del embarazo había obviamente un tiempo de fecundación que se había iniciado el día en que había tenido la última relación sexual… El renacimiento de Osiris iba así precedido pues de ese período de fecundación alegorizado en los nueve días de riego de su momia durante la Festividad Khoiak.

La aleya coránica de la sura “La caverna” relativa a los trecientos años a los que se le añaden otros nueve nos remite así, de manera alegórica, al descenso del ser humano desde la preexistencia o ájira a la existencia o dunia a través del canal entre ambos mundos que se simboliza en el útero materno.

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