Alkalima

La naturaleza primordial o feetra

A JosAi?? A?ngel HernA?ndez

Ai??El islam (no me refiero aquAi?? a ninguna religiA?n histA?rica, sino al estado de sometimiento a Al-lA?h) nos conecta con nuestra naturaleza primigenia, nos devuelve a un estado natural en un estado avanzado de conciencia.

Lo normal en el islam no equivale necesariamente a lo mA?s usual o corriente, no es el resultado de realizar una estadAi??stica sobre los usos y costumbres de los hombres en un determinado contexto, con lo cual estamos considerando como ai???anormalai??? todo comportamiento heroico o toda forma de compasiA?n y entrega desinteresada. Para la masa, ai???lo raroai??? es ai???lo otroai???: un comportamiento o un modo de pensar diferente al de la mayorAi??a. Este concepto de normalidad es la validaciA?n de la mediocridad (la media, la cultura dominante) como valor normativo, como algo socialmente vinculante. Por el contrario, lo normal en el islam equivale a la feetra, la naturaleza primordial del ser humano, siempre A?nica para cada criatura pero siempre vinculada al Uno que a todos nos hermana. De ahAi?? que la diversidad no implique separaciA?n ni dispersiA?n, sino encuentro entre los diversos en Al-lA?h.

La feetra es la inocencia del ser humano, su bondad natural, su receptividad mA?s primaria, aquello que lo hace capaz de Al-lA?h y de relacionarse de una forma sana con el resto de la creaciA?n. Es aquel estado en el cual cada criatura se siente identificada con/en el todo, sin fisuras, plenamente viviente e integrada. Es ahAi??, en lo mA?s Ai??ntimo, primitivo y espontA?neo de su naturaleza, donde el hombre siente a Al-lA?h. La primordialidad y la contundencia de lo que existe son el signo de Al-lA?h, la manifestaciA?n de un contacto interior, tierno y placentero. Esto es lo normal. De ahAi?? que digamos que el reconocimiento de Al-lA?h no es una creencia sino un movimiento espontA?neo para quienes son todavAi??a capaces de reconocer en el mundo el resplandor de lo divino. Ciertamente,Ai??hay tambiAi??n un modo de reconocer a Al-lA?h que pasa por la adhesiA?n a una religiA?n histA?rica o a un sistema de creencias. Pero esto tiene poco que ver con nuestra feetra, segA?n el conocido hadiz segA?n el cual Muhammad (saws) dijo:  ai???Todo reciAi??n nacido estA? en la feetra. Son sus padres los que lo hacen judAi??o, cristiano o zoroastrianoai???; sus compaAi??eros apostillaron: ai???…o musulmA?nai???, y Ai??l dijo: ai???No; el islam es la feetraai???. Claro que el hadiz es negado en su raAi??z si pensamos en el islam como la religiA?n histA?rica construida tras la muerte del Profeta. En este hadiz, como en todo el CorA?n, la palabra islam se refiere, simplemente, al estado de sometimiento a  Al-lA?h. De ahAi?? que se nombren como musulmanes a personas anteriores a la existencia fAi??sica de Muhammad (saws), e incluso a los animales y las plantas.

La muestra mA?s cercana del estado de feetra la tenemos en el animismo de los niAi??os, que consideran todo lo que los envuelve como algo vivo. Los niAi??os, como los A?ngeles, son seres espirituales. En la cosmovisiA?n islA?mica el hombre nace en un estado de pureza. La cultura (la literatura, el arte, la ciencia…) es altamente valorada, pero no el desarraigo y la tendencia a la artificialidad. La naturaleza caAi??da es uno de los mitos caracterAi??sticas del universo religioso que encontramos superado en el islam. Los niAi??os sienten la presencia de Al-lA?h de un modo natural, estA?n en Su presencia. El sentido de la inmediatez de Al-lA?h es mayor entre los niAi??os que entre los adultos, pues ellos no difieren su experiencia de la realidad ni necesitan realizar ningA?n acto de adoraciA?n o de conciencia para habitar el mundo como teofanAi??a. Cuando nos situamos en filas para la salat, la oraciA?n ritual, orientados en direcciA?n a La Meca, ningA?n adulto debe pasar por delante de nosotros. Pero los niAi??os pueden cruzar tranquilamente sin romper la quibla. Ibn ArabAi?? indica que lo pequeAi??o tiene precedencia sobre lo grande, por su cercanAi??a con Al-lA?h. La cercanAi??a de los niAi??os les da un poder sobre los adultos: estos descienden al lenguaje de los niAi??os, son enternecidos, vulnerada su rudeza.

El islam nos invita a recuperar la naturaleza primordial del niAi??o en un estado avanzado de conciencia. AsumiAi??ndose y viviendo realmente como musulmA?n, el ser humano recupera su yo profundo de entre las miserias del ego para hacer de Ai??l el instrumento con el que vuelve a su sentido integral de la unidad del universo. Su yo es un regalo de Al-lA?h con el que ha emergido de la indiferencia de la naturaleza a la conciencia, y esa es la clave de su soberanAi??a y de su califato. Pero el yo tiende hacia el ego, es decir, al aislamiento del individuo que pierde entonces la verdadera dimensiA?n de la vida y la convierte en un cA?mulo de realidades dispersas y pretendidamente autA?nomas que Ai??l pretende dominar mediante el uso de la razA?n instrumental.

Frente a los niAi??os, los adultos parecemos seres de luz atrapados en las sombras. La proyecciA?n es nuestra falta de receptividad, la reducciA?n del todo a nuestro pequeAi??o mundo. Para estar en la luz no hay que apartarse del mundo sino habitarlo plenamente, desarrollar nuestra sensibilidad al mA?ximo, hacernos recipientes de las formas y colores y acabar con nuestra manAi??a de juzgarlo todo desde nuestra precariedad de criaturas, segA?n nuestros miedos y la frustraciA?n de nuestras ansias de posesiA?n, de ser y de dominio. Los adultos debemos realizar un acto de conciencia e introducir una serie de prA?cticas en nuestra vida para poder mantenernos en ese estado: debemos seguir una determinada tradiciA?n para no caer en la dispersiA?n a la cual tendemos. Sin lAi??mites el rAi??o no fluye desde la fuente hasta el mar de la misericordia, ni puede ser remontadoAi??desde el mar hacia la fuente. Este es el sentido preciso de la palabra sharia: camino al manantial. La ai???ibada (prA?cticas de adoraciA?n) es una necesidad innata al individuo, su deseo de retornar desde ese estado de separaciA?n hasta la Fuente. La contemplaciA?n consciente de la naturaleza nos conduce al asombro por la Majestad y la Belleza de la CreaciA?n, y del asombro a la postraciA?n hay solo un paso, un ahondamiento consciente en ese asombro: el deseo de participar activamente en esa CreaciA?n maravillosa, la rendiciA?n total ante esa Majestad y esa Belleza. Nada de esto tiene una relaciA?n directa con el fiqh, el aparato jurAi??dico levantado por los imperios omeya y abasAi?? con el objetivo de poder gobernar un amplio territorio.

Si el hombre no se postra es a causa de su ceguera, por tener embotados los sentidos. El deseo de estar constantemente en estado de postraciA?n se manifiesta en la receptividad del creyente hacia todo aquello que lo rodea y es anA?loga a la receptividad del niAi??o, cuya curiosidad se desborda en energAi??a. En el adulto esa energAi??a es canalizada por la ai???ibada, los actos rituales que nos mantienen vinculados con la naturaleza de las cosas. La ai???ibada no es algo externo, una serie de ritos arbitrarios, sino un modo de mantenernos dentro de la naturaleza. Por ejemplo: la salat es una prA?ctica bioenergAi??tica relacionada con el ciclo de la luz solar, en un trayecto idAi??ntico al que nosotros mismos realizamos. Levantarse al fajr. , antes del alba, para postrarse ante el Creador de los cielos y la tierra y luego ver salir el sol cada maAi??ana es algo que otorga una fuerza numinosa, una sensaciA?n de pertenencia al propio telos de la tierra. Las abluciones nos mantienen en contacto con el aspecto fluido de la rahma  frente al estancamiento de una vida en la cual la adoraciA?n se ha desterrado, nos ha sido arrancada. Todas las prA?cticas del islam tienen un sentido fAi??sico preciso, conducen a la purificaciA?n de nuestra sensibilidad. Aunque debemos reconocer que mucho de esto se ha perdido en la modernidad, a causa de la luz artificial y de los horarios y obligaciones que condicionan nuestras vidas, por no hablar de las distracciones. Cada vez resulta mA?s difAi??cil arraigarse realmente en la CreaciA?n de  Al-lA?h. Y, sin embargo, todos vivimos conectados con la Fuente, incluso si lo ignoramos o velamos. El simple hecho de recordar y de celebrar esta conexiA?n ya nos sitA?a en el camino de la recuperaciA?n de nuestra naturaleza originaria.

El carA?cter profundamente telA?rico del islam nos es necesario en cuanto a seres vivientes en un mundo cuya tecnificaciA?n nos vela, cubriendo el mar de grasa y convirtiendo todo en la naturaleza en un objeto inerte, utilitario. La prA?ctica del islam, al reconocer todo lo que existe como Signo de Al-lA?h, devuelve los objetos y los seres a su condiciA?n primera. Todo en la CreaciA?n se nos presenta como algo que el ser humano debe reintegrar al Uno mediante el re-conocimiento de los lazos, de las cualidades, de los efectos y las causas, que con Ai??l se establecen. La atenciA?n al mundo que se nos reclama no es, entonces, mera cortesAi??a, sino acto trascendente, y el cuidado es ya algo personal y concreto. AtaAi??e a lo que para cada uno ha sido escrito y que cada uno debe cumplir, para acceder al lAi??mite y lugar que nos es propio. Solo hay islam desde uno mismo, desde lo que cada uno es de forma A?nica, pues todo en la creaciA?n es A?nico.

Como me decAi??a un amigo hace poco: cuando Todo es Uno, Todo es Asnico.

Y Al-lA?h es el que sabe.

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