Miércoles , Agosto 16 2017

Los gladiadores de Pentalasia

Los gladiadores de Pentalasia: nacionalistas curdos y salafistas.

Pentalasia es la región del mundo comprendida entre cinco mares: Caspio, Negro, Mediterráneo, Rojo y Pérsico.

Las guerras en Siria e Iraq demuestran que las causas identitarias no hacen más que enredar, fragmentar, «encochinar» y destrozar a los pueblos. Ya sean «laicas» -caso del nacionalismo curdo- o «religiosas» -caso de los grupos salafistas- las banderas identitarias no tienen mayor propuesta que alentar el apogeo de los sentimientos particularistas: más odio y mayor antagonismo entre colectividades por «hechos diferenciales» étnicos, territoriales, lingüísticos, culturales, confesionales, sanguíneos o memorial-históricos. Si ocurre que esos «hechos diferenciales» no son para tanto -no son tan “diferentes”-, o apenas tienen importancia en la vida o muerte de nadie, o han sido artificiosamente construidos por la propaganda, esa pasmosa levedad del «hecho diferencial» agitado en las banderas no hace más que agravar el odio, pues lo que buscan las causas identitarias es, justamente, remarcar las diferencias entre colectivos y despreciar todo lo que puedan tener en común o parecido. Entre mayor sea el parecido entre la «población odiable» y la «masa odiadora», más odio, mayores invenciones de diferencias y crecimiento desaforado de las excusas chorras para motivar esas fobias identitarias.

Como reconoció un ideólogo identitario -y dirigente de Plataforma por Cataluña-: «lo que en realidad da cohesión e identidad a un pueblo es heredar, mantener y compartir los mismos odios y prejuicios hacia otras identidades»

Los nacionalismos sirvieron para fragmentar los Balcanes durante los siglos XIX y XX -hasta el punto que tal deriva ha sido denominada «balcanización»- y desde la I Guerra Mundial está sirviendo para «balcanizar» las naciones de Pentalasia (aunque los turcos lo impidieron por las bravas en los años veinte). Por entonces británicos y franceses utilizaron al nacionalismo árabe para quebrantar el Imperio Otomano como utilizaron los nacionalismos serbio y checo para romper el Imperio Austro-Húngaro: una vez cumplida la tarea de cargarse esos imperios, los nacionalismos árabe y serbio pasaron a ser los malos de la película para sus antiguos patrocinadores.

Aunque combatan entre ellos con ferocidad, tantos los nacionalistas curdos -los «protagonistas buenos» para Occidente- como los tacafres mesiánicos del Daesh -los «protagonistas más malos» para Occidente- han servido y siguen siendo instrumento del imperialismo y las oligarquías aliadas de la región. Tanto el «Sunnarabistán» proyectado entre Iraq y Siria por las potencias occidentales (EEUU, Gran Bretaña y Francia), el Reino Saudita y el Ente Sionista, como el soñado Curdistán a costa de Siria, Iraq, Irán y Turquía -soñado por los mismos- constituyen piezas capitales del famoso «divide e impera» casi obligado de una superpotencia hegemónica.
El «Sunnarabistán» sería una prolongación septentrional del Reino Saudita y sus aliados del Golfo -como en su día, en los años veinte, constituyó el propio reino saudita a costa del Heyaz y el Yemen- y el demandado Curdistán constituiría la gran plataforma de Occidente en el corazón montañoso de Pentalasia, observando que las grandes naciones de la región no están por el sometimiento hacia los «Bondadosos Amos».

Los identitarismos son armas de división masiva. Es cierto que nacionalistas curdos y salafistas daéshicos -estos, en realidad, son un movimiento con dos almas: uno mesiánico, y el otro identitario semítico (esas dos almas también se dan en el sionismo)- combaten furiosamente entre sí y se matan entre ellos sin piedad alguna. Pero, al igual que lo hacían los gladiadores de la antigua Roma, unos y otros, con sus particularismos desaforados, sirven a los propósitos de los mismos amos. Daba igual qué gladiador venciera en un combate o quién muriera: ambos contendientes estaban al servicio del mismo espectáculo. Nacionalistas curdos y salafistas sirven al mismo «gran juego» de las potencias occidentales y sus aliados: «balcanizar» Pentalasia.

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